Reescrituras

14-e1427716006759

Déjame entrar suma un nuevo caso de reescritura fílmica

La postura más cómoda pasa por entender que todo remake cinematográfico responde a motivos estrictamente pecuniarios. Si la industria norteamericana traslada a la pantalla una exitosa novela sueca que actualiza el mito del vampirismo infantil –Déjame entrar, de John Ajvide Lindqvist– y que ya fue llevada con gran éxito de crítica y público (europeo) a la pantalla apenas dos años atrás –Déjame entrar (Let The Right One In, 2008), del sueco Thom Anderson–, ¿qué otro motivo puede haber? ¿Por qué Matt Reeves, director de ese hito del cine digital titulado Cloverfield, opta para su reválida por filmar un relato ya filmado hace tan poco tiempo? Una de las claves consiste en determinar si esta enésima reelaboración cinematográfica trasciende el concepto canónico de la franquicia industrial –tipo The Ring (1998 y 2002), del original japonés de Hideo Nakata a su inconsistente traslación hollywoodense en manos de Gore Verbinski– o si entra en el territorio de la actualización por medio de determinada radicalidad conceptual –como sería el caso de las siamesas Funny Games (1997 y 2007), la austriaca y la norteamericana, realizadas por Michael Haneke con un rigor reproductivo en el que la duración de las escenas y la composición de los encuadres eran exactamente igual. Fue su forma de cuestionar (o todo lo contrario) la validez temporal de unas imágenes traumáticas.

let-the-right-one-in-serie-1.jpg

Sigue leyendo

La secreta intensidad de Suwa

2duo2.jpg

NOBUHIRO SUWA
Cofre DVD Intermedio, 2008

Una idea: la pareja en crisis sigue siendo el gran motivo del cine. Ninguno de sus exploradores ha agotado la materia porque es inagotable. Murnau, Stahl, Sirk, Bergman, Rossellini, Rohmer, Cassavettes, Pialat… Para ellos, las relaciones afectivas, sus turbulencias (morales, psicológicas, sentimentales), siguieron siendo el gran misterio de los hombres y el gran motivo para hacer cine. Porque la cámara interroga, perfora en los cuerpos y los rostros hasta extraer energías invisibles, escudriña el mundo interior y nos revela secretos. A ello se ha dedicado también el cine en construcción de Nobuhiro Suwa, cineasta nacido en 1960 en Japón y confeso heredero de la modernidad cinematográfica. Sus exploraciones de las convivencias en pareja –editadas por Intermedio formando una trilogía: 2/Duo (1997), M/Other (1999) y Un couple parfait (2005)– arrojan al hombre del tercer milenio preguntas que hoy casi nadie, en el cine, se plantea sin caer después en la complacencia. Incluso Wong Kar-wai parece haber cedido.

Sigue leyendo

En las cumbres del melodrama

carolbar

CAROL
Todd Haynes, 2015

Es Navidad en Nueva York, año 1951. Todo empieza con unos guantes. Deliberadamente, Carol (Cate Blanchett) se los deja en el mostrador de la tienda, donde ha comprado un tren eléctrico para su hija. La joven dependienta, Therese (Rooney Mara), irá a su casa a devolvérselos. Y así ingresamos, como espectadores, en “la dulce ciencia del magnetismo”, como ha convenido en llamarlo A. O. Scott, crítico de The New York Times, pues el gran misterio de Carol, la última película de Todd Haynes, reside en filmar los mecanismos del deseo, los hechizos del amor prohibido, todos esos gestos y miradas que forman el catálogo de los desvelos amorosos. Y capturarlos además con la clase de sensibilidad y alquimia romántica que solo los más grandes han fijado en una pantalla.

Sigue leyendo

Mazurca para dos amantes

Anna-Karenina-2012-Stills-anna-karenina-by-joe-wright-32234642-940-627

ANNA KARENINA
Anna Karenina
Joe Wright, 2012

Tolstoi no lo hubiera imaginado mejor. El romanticismo épico de su Anna Karenina cabe en una prodigiosa, mágica secuencia de baile, la que filma Joe Wright en la enésima adaptación al cine de la novela rusa, tan extraordinariamente popular. Ninguna traslación a la pantalla, en todo caso, ha mostrado antes semejante compromiso con la necesidad de traducir el texto decimonónico, considerado obra cumbre del realismo literario, a un dispositivo formal tan consecuente con aquello que narra y con los designios de la posmodernidad. Superando los vals de Minelli en Madame Bovary (1949) o de Visconti en El gatopardo (1963), incluso al baile de Charles Boyer y Danielle Darrieux en Madame de… (1953, Max Ophüls), la mazurca para dos amantes que pone en escena Wright, coreografiada como un trance o como un sueño capaz de detener el tiempo, es el corazón de la película, el que marca su cadencia y bombea sangre a todo el organismo, determinando su insospechada intensidad.

Sigue leyendo

La casa de los sueños rotos

Imagen

CASA DE TOLERANCIA
L’Apollonide (Souvenirs de la maison close)
Bertrand Bonello, 2011

He aquí una película que podemos habitar. Una película que abre sus puertas –las de un prostíbulo en el cambio del siglo XIX al XX– y nos invita a vivir dentro de ella, recorrer sus espacios, relacionarnos con los cuerpos y las miradas que los habitan. Una película, por tanto, que no podemos si no frecuentar una y otra vez, atrapados por la hipnótica experiencia que propone, por los paraísos artificiales que atesora y los fragmentos de vida (de placer y de dolor) retratados y que, gracias al poder de seducción artística de Bertrand Bonello y sus extraordinarias actrices, no querremos abandonar por un minuto. Es más, volveremos a este burdel parisino que huele a Baudelaire y a Monet y a Renoir –y también a sífilis y a semen y a champagne–, acaso como hacen los clientes habituales del burdel (interpretados en su mayoría por cineastas franceses), convencidos de que en esa burbuja donde la felicidad puede tocarse, donde los fetichismos son la norma, encontrarán consuelo a las vidas que acontecen fuera de sus paredes, esas vidas a las que nunca tendremos acceso. El “huis clos” de Casa de tolerancia, que solo se rompe en dos ocasiones, configura una genuina poética del placer y la pérdida. 

Sigue leyendo

Misterios y fulgores de la mirada

Imagen

MICHELANGELO ANTONIONI
(Ferrara, 1912 – Roma, 2007)

Hace poco más de cinco años, el 30 de julio de 2007, los hilos del azar quisieron que dos luces fundamentales de la historia del cine se apagaran conjuntamente. Aquel aciago día de verano, morían con una diferencia de unas horas el sueco Ingmar Bergman (Uppsala, 1914 – Färö, 2007) y el italiano Michelangelo Antonioni (Ferrara, 1912 – Roma, 2007), cineastas insustituibles y cruciales de la modernidad cinematográfica, sobre todo para quienes entienden que el trayecto modernista es tan importante en el siglo del cinematógrafo como lo fuera el periodo clásico. El de Ferrara murió con 94 años de edad, y en un día como hoy, el 29 de septiembre de 2012, hubiera cumplido cien años.

Sigue leyendo

Teleportaciones

STAR TREK
Star Trek
J. J. Abrams, 2009

Empecemos por admitir que, contra todo pronóstico, la ciencia ficción no ha proporcionado todavía grandes hitos en este tercer milenio. La fantasía digital ha impulsado su galopante reproducción, los grandes estudios se han abalanzado sobre toda historieta de cómic disponible, además de dar cuenta de las mil y una variantes de cine apocalíptico y de viajes intergalácticos imaginables, pero son más bien escasas las veces en las que más allá de las notables aportaciones de cineastas afiliados al género como Steven Spielberg y M. Night Shyamalan, o deslumbrantes artefactos como 2046 (Wong Kar Wai, 2004) y WALL·E (Andrew Stanton, 2008), la ciencia ficción no haya sucumbido a la indigestión pirotécnica o al tratamiento administrativo del cine de atracciones. Incluso directores respetables como Soderbergh (Solaris, 2002) y Winterbottom (Código 46, 2003), o menos respetables como Danny Boyle (Sunshine, 2007), se han estrellado contra el muro de la desidia en sus respectivos intentos. Zambulléndose en el manido cine de catástrofes, ese muro lo destruyó la poderosa Monstruoso (Matt Reeves, 2008), filmación subjetiva de una experiencia límite que tomaba el discurso del vídeo digital como un valor en sí mismo, y no como una herramienta para seguir representando el mundo (y el Apocalipsis) con los ojos de siempre. El productor de aquella conquista era J. J. Abrams, director de esta undécima inmersión de la gran pantalla en los universos de Star Trek.

Sigue leyendo