Los colmillos del existencialismo

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SOLO LOS AMANTES SOBREVIVEN
Only Lovers Left Alive
Jim Jarmusch, 2013

Para algunas personas (y sus películas) el tiempo pasa en balde. Incluso cuando han cruzado la sesentena, como Jim Jarmusch (Ohio, 1953). Parece mentira. Lejos quedan los días en los que películas como Extraños en el paraíso (1984), Bajo el peso de la ley (1986) y Mystery Train (1989) definieron el seminal –para tantas cosas– cine independiente de los ochenta. Y de algún modo, todas esas historias y las que siguió rodando, de tres en cuatro años, dentro o fuera de Nueva York, todavía están aquí, ancladas en los universos más fértiles de la creación contemporánea. El tiempo no parece haberlas agrietado. Ni siquiera las más solubles con el gran público: Flores rotas (2005).

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Wes Anderson: “Siempre me ha gustado la Europa de Hollywood”

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EL GRAN HOTEL BUDAPEST
The Grand Budapest Hotel
Wes Anderson, 2014

De un instituto a una academia, de una casa a un submarino, de un tren a una madriguera, de un campamento a un hotel… En sus ocho largometajes, desde Ladrón que roba a otro ladrón (Bottle Rocket, 1996) hasta El Gran Hotel Budapest (2014), ganadora del Premio del Jurado en Berlín, Wes Anderson (Houston, Texas, 1969) siempre ha sentido la necesidad de encerrar a sus entrañables personajes en ínsulas aisladas, en microcosmos de los que inevitablemente acaban escapando. Con su última película, el cineasta que ostenta el “dandismo” del cine independiente parece llevar su universo y su estética particular a un punto sin retorno.

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La conciencia del demiurgo

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EL GRAN HOTEL BUDAPEST
The Grand Budapest Hotel
Wes Anderson, 2014

Es conocida la lectura que François Truffaut hizo del cine de Roberto Rossellini: “Empezó su obra filmando unidades pequeñes: un barco de guerra, una ciudad, una pequeña isla; luego filmó países, después continentes, más tarde periodos de la Humanidad…”. En una escala menor, y salvando todas las distancias –ambos cineastas son prácticamente opuestos–, podemos decir algo similar del cine de Wes Anderson, quien desde la seminal Ladrón que roba a otro ladrón (Bottle Rocket, 1996) hasta El Gran Hotel Budapest (2014), en sus ocho largometrajes hasta la fecha, siempre ha sentido la necesidad de encerrar a sus entrañables personajes en microcosmos cada vez mayores, de los que inevitablemente acaban escapando para emprender un viaje de autoconocimiento y relacionarse con el mundo exterior, bien sea para integrarse en él o directamente para ser expulsados.

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Bong Joon-ho: “Rompenieves no es un producto de Hollywood”

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ROMPENIEVES
Snowpiercer
Bong Joon-ho, 2014

En Rompenieves, la primera producción angloparlante del surcoreano Bong Joon-ho (Daegu, 1969), los únicos supervivientes de la Humanidad habitan un tren imparable. Se trata de una de las propuestas de ciencia-ficción más seductoras, inteligentes y de promiscuo talento que ha llegado a nuestras salas en mucho tiempo. Transcurre en un futurible cuyo desastre medioambiental se conjugó en el presente, el año 2014. Afuera, el experimento de los hombres por frenar el calentamiento global fracasó: el planeta vive otra Edad de Hielo, donde cualquier forma de vida es imposible. Adentro, en el tren, punta de lanza tecnológica que autogenera su propia energía ad infinitum, la población occidental convive con la asiática y, para entenderse, hablan a través de un dispositivo que traduce simultáneamente sus palabras. La entrevista con el aclamado cineasta surcoreno, responsable de extroardinarios títulos como Memories of Murder (2003), The Host (2006) y Mother (2009) –todos estrenados en España con calurosa acogida de público y jubilosa celebración crítica– parece por momentos una escena salida de la película.

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