Más allá de cánones

Seijun-Suzuki

SEIJUN SUZUKI
(Tokyo, 1923 – Tokyo, 2017)

Del mismo modo que no se puede decir que la música de Gustav Mahler es más importante que la de The Kinks, tampoco diremos que el cine de Akira Kurosawa es más importante que el de Seijun Suzuki. Las jerarquías en el arte nunca han sido muy provechosas, y los cánones no hacen sino mutar en el tiempo y el espacio. Si no caben dudas de que Tarantino, Lynch y Jarmusch forman parte de un canon de autores del cine contemporáneo occidental, no debemos olvidar que algunos sorprendentes fragmentos de sus películas se deben a veleidades artísticas de artesanos desplazados a una “segunda categoría” en las listas de autores esenciales, como es el caso de Seijun Suzuki (Tokio, 1923), quien hasta hace unos días era un cineasta inédito en el mercado español.

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La democracia violada

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PAULINA
Santiago Mitre, 2015

El segundo largometraje del argentino Santiago Mitre, Paulina, exhibe, al igual que su debut con El estudiante, la virtud de la inteligencia política y metafórica. Al tiempo que narra un terrible drama con un pulso cercano al thriller rural, establece una reflexión sobre las dificultades democráticas en Argentina y, también, sobre el papel de la emancipación femenina. El plano secuencia final sobre el rostro de la protagonista, Paulina (Dolores Fonzi, a quien hemos visto recientemente en Truman de Cesc Gay), que camina decidida a cámara durante varios minutos, emana como la vindicación de una mujer que ha llevado hasta el extremo su compromiso de educación cívica y democrática pero a cuya determinación se impone un sistema estatal pervertido. Pero es mucho más sencillo ceñirnos a los hechos.

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Sobre mitos y tumbas

William Henry McCarty, Jr.

RÉQUIEM POR BILLY EL NIÑO
Requiem for Billy the Kid
Anne Feinsilber, 2007

Los intersticios entre el mito y el fraude son muy porosos. Y poéticos. Aunque John Ford siempre prefirió imprimir la leyenda, la incógnita de la ecuación Liberty Valance permanece irresoluble. Los mitos de la América salvaje recorren con fantasmas sus paisajes hermosos y crepusculares, son tan parte de su tierra como los ferrocarriles que cruzan sus horizontes o las tumbas que albergan. Si en algo podemos calibrar la trascendencia de una película documental como Réquiem por Billy el Niño, ópera prima enormemente evocadora, es en su voluntad de profanar esas tumbas, de explorar con mirada y sensibilidad nuevas (y en esto interviene el alma feminina y europea) las tensiones entre la historia y los mitos del Viejo Oeste. ¿Para redefinirlos y renovarlos? No. Para regresar al punto cero, a la necesidad misma de su existencia.

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Bong Joon-ho: “Rompenieves no es un producto de Hollywood”

Imagen

ROMPENIEVES
Snowpiercer
Bong Joon-ho, 2014

En Rompenieves, la primera producción angloparlante del surcoreano Bong Joon-ho (Daegu, 1969), los únicos supervivientes de la Humanidad habitan un tren imparable. Se trata de una de las propuestas de ciencia-ficción más seductoras, inteligentes y de promiscuo talento que ha llegado a nuestras salas en mucho tiempo. Transcurre en un futurible cuyo desastre medioambiental se conjugó en el presente, el año 2014. Afuera, el experimento de los hombres por frenar el calentamiento global fracasó: el planeta vive otra Edad de Hielo, donde cualquier forma de vida es imposible. Adentro, en el tren, punta de lanza tecnológica que autogenera su propia energía ad infinitum, la población occidental convive con la asiática y, para entenderse, hablan a través de un dispositivo que traduce simultáneamente sus palabras. La entrevista con el aclamado cineasta surcoreno, responsable de extroardinarios títulos como Memories of Murder (2003), The Host (2006) y Mother (2009) –todos estrenados en España con calurosa acogida de público y jubilosa celebración crítica– parece por momentos una escena salida de la película.

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Dylan en el caleidoscopio

I’M NOT THERE
I’m Not There
Todd Haynes, 2007

Desde los primeros instantes de I’m Not There, cuando la cámara reemplaza a Bob Dylan caminando hacia el escenario, el magnífico film de Todd Haynes toma por propósito inmiscuirnos en el caos y la genialidad que palpitan bajo la piel de Robert Allen Zimmerman. Más allá del excelente empleo de la música para puntuar los significados sumergidos de cada tema (algunos como Positively 4th Street, Ballad of a Thin Man, Moonshiner y Blind Willie McTell recuperan su sentido preciso en yuxtaposición con las imágenes), I’m Not There en realidad no trata en ningún momento de ahondar en el proceso creativo del artista, sino en su pesquisa de una identidad abstracta, elusiva y camaleónica. Es decir, en las máscaras que Dylan ha ido colocándose a lo largo de su carrera para que no viéramos a Zimmerman. Bien como el impostor de Woody Guthrie (Marcus Carl Franklin) o el espíritu reencarnado de Arthur Rimbaud (Ben Whishaw), bien como profeta, trovador y predicador del alma (Christian Bale), como outlaw solitario (Richard Gere), marido imposible o estrella mediática (Heath Ledger), la identidad inaprensible del artista es el gran tema dylaniano y por tanto el núcleo del film de Haynes, un versado dylanófilo. Con buen criterio, el objetivo que se propone Haynes no pasa por simplificar esa complejidad y retratar la vida y milagros del “hombre detrás de su música”, sino por ponerla en evidencia tomando la forma de un criptograma audiovisual con imágenes que recrean, reescriben, reinventan, comentan o remiten a otras imágenes firmemente ancladas en el imaginario visual dylaniano.

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