El pudor de la mirada

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LO QUE SÉ DE LOLA
Javier Rebollo, 2006

“Ni realizador, ni cineasta. Olvida que estás haciendo una película”
Robert Bresson (Notas sobre el cinematógrafo)

Escojamos una persona al azar en un vagón de metro… observémosla desde una distancia prudente… aguantemos la mirada… veamos sin ser vistos. ¿Hasta cuándo? ¿Con qué propósito? Es la invitación que nos propone Javier Rebollo en los primeros instantes de su primer largometraje. La mujer a quien él escogerá más tarde –o a quien escoge León, su alter ego–, es la actriz Lola Dueñas (ya la ha filmado antes, y la ha visto crecer, en cuatro cortometrajes). Ambos saben que Lola Dueñas / Dolores Martínez es su pretexto para mirar, para hacer cine, para vivir. Y a ese pretexto entrega Rebollo su mirada para obrar una de las películas más fascinantes y distintivas del último cine español, para inyectar sinceras dosis de pasión y audacia en un paisaje cinematográfico preocupantemente acartonado. ¿Cine español? Para ser exactos, hablemos mejor de cine franco-español o hispano-francés: otra de las singularidades de esta obra es su insólito esquema de producción, financiada a partes iguales por Francia y España, rodada entre París y Toledo, hablada sobre todo en francés.

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Que se mueran los pobres

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EL MUNDO SIGUE
Fernando Fernán Gómez, 1965

Con motivo de su cincuenta aniversario, se reestrena en las grandes pantallas El mundo sigue, la obra maestra dirigida y protagonizada por Fernando Fernán Gómez, un retrato de la miseria humana en el Madrid de los años sesenta que no hace sino iluminar el presente con tanta lucidez y sensibilidad como lo hizo en su tiempo, cuando el filme fue ignorado y maltratado por el discurso oficial franquista.

En su última película, El dinero (1984), Robert Bresson llevó su pesimismo hasta un lugar sin retorno: no hay salvación para la condición humana. El vil metal todo lo mancha y embrutece. En su libre adaptación de El billete falso de Tolstoi, los constantes planos detalle del dinero que corre de mano en mano no hacen sino recordarnos, sin lugar al equívoco, el conducto de la desgracia. Pensábamos quizá que en ninguna otra película los fajos de billete adquieren una presencia tan primordial, como si fuera el único lenguaje que entiende el hombre, pero hay que retrotraerse al Madrid de principios de los sesenta que documentó Fernando Fernán Gómez en El mundo sigue (1965) para encontrar un filme cuyo flujo lo marca la circulación de billetes. El dinero adquiere el mismo estatuto que los protagonistas: las hermanas Elo (Lina Canalejas) y Luisa (Gemma Cuervo), y el despreciable marido de la primera, Faustino (Fernán Gómez).

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Energías renovables

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BONE TOMAHAWK
S. Craig Zahler, 2015

MI HIJA, MI HERMANA
Les Cowboys
Thomas Bidegau, 2015

El cine se disputa desde hace mucho tiempo en las ondas sísmicas de viejos epicentros. Pensemos en el western: convendríamos fácilmente en que su epicentro es John Ford. Y para concretar más: Centauros del desierto. John Wayne, Monument Valley, indios salvajes, la épica de la frontera, el gran romance explícito en la imagen, pero silenciado en el drama. Su fuerza sísmica nos alcanza hasta hoy. No solo eso: está inscrita en el código genético de prácticamente cualquier western que quiera dignificarse. Lo comprobamos con el estreno de Bone Tomahawk, de S. Craig Zahler, multipremiada en Sitges, y también con la producción franco-belga Mi hija, mi hermana (Les Cowboys), de Thomas Bidegain. Emanan ambas películas, escritas y dirigidas por debutantes, como perfectos y muy distintos ejemplos de cómo el western de autor apenas puede eludir el epicentro fordiano.

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La naturaleza del escorpión

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DRIVE
Drive
Nicolas Winding Refn, 2011

Hacía tiempo que no llegaba a nuestras salas una película con semejante capacidad de fascinación. Desde su estreno en Cannes, Drive ha conquistado los gustos de especialistas y profanos, convirtiéndose en un verdadero fenómeno de culto que aglutina todo tipo de entusiasmos. Ryan Gosling, habitando casi todos los planos del filme, atraviesa esta fábula mortalmente melancólica con el laconismo propio de la tradición heroica moldeada por Clint Eastwood y Steve McQueen, pero también con la del silencioso samurai de Jean-Pierre Melville y Alain Delon. Como el escorpión que lleva bordado en la espalda de su chaqueta plateada, el héroe innominado de Drive, apodado Driver, esconde tras su silencio y sus gestos maquinales una naturaleza agresiva de la que se siente prisionero. Es el aguijón que atravesará su cuerpo al cabo de una sangrienta crónica de venganza en Los Angeles. Mecánico y stunt de Hollywood durante el día, por las noches Driver participa en pequeños atracos como el conductor del coche que se da a la fuga. Encuentra tiempo aún así para enamorarse de su vecina Irene (Carey Mulligan), pero tras el abrupto regreso de su marido (Oscar Isaac), recién salido de la cárcel, se verá envuelto en una refriega criminal con un millón de dólares de por medio y con la mafia de la Costa Este pisándole los talones.

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Justicia desesperada

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PORFIRIO
Porfirio
Alejandro Landes, 2011

Un hombre llamado Porfirio quedó discapacitado de la cintura a los pies al recibir una bala perdida disparada por un policía, consecuencia del conflicto civil colombiano. Esclavizado a una silla de ruedas, reclamó su derecho de indemnización a un Gobierno ciego, sordo y mudo. Se cansó de esperar lo inesperable, escondió dos granadas en sus pañales y subió a un avión para secuestrarlo. El director de Cocalero (2007), Alejandro Landes, leyó la noticia en un periódico hace seis años: “Hombre discapacitado en pañales secuestra aeronave rumbo a Bogotá”. Quiso conocer al protagonista del suceso, entonces encarcelado. El cineasta tuvo una iluminación. A partir de un guión desarrollado en el Sundance Institute, y con un protagonista de excepción – Porfirio Ramírez Aldana, el hombre que la prensa colombiana había apodado “el aeropirata”–, Landes se propuso replicar la historia empleando los mismos elementos geográficos (la región amazónica de Colombia) y humanos (Porfirio, su hijo y su vecina).

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Los actores de la Nouvelle Vague

DOS O TRES COSAS QUE SABEMOS DE ELLOS
Digresiones en torno a (algunos) cuerpos y espíritus de la Nouvelle Vague


EL CUERPO

Se abre el telón. La condesa de Landsfeld, perdido el honor, es objeto de escarnio y pleitesía. Ella, cuya belleza y malas artes arruinaron a monarcas y millonarios de todo el mundo (así lo asegura el maestro de ceremonias), es expuesta como un maniquí, encerrada en una jaula, en el circo de Nueva Orléans. El plano frontal nace cerca de su rostro, impávido, resignado, solitario, de una belleza decadente. La cámara se aleja de ella, el plano va mostrando dos largas colas de ciudadanos anónimos acercándose en procesión. Han pagado un dólar y, por un instante, pueden ver de cerca, incluso besar la mano, de un mito sexual, la más perversa y fascinante de las mujeres de una época extinguida. Se cierra el telón.

[“Lola Montes” (1956), Max Ophüls]

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I.

El estrellato de Martine Carol fue breve y terminó trágicamente. Sólo pudo disfrutarlo durante los primeros años cincuenta, después de una labrada carrera en el teatro y como diosa pin-up de la posguerra. En 1956, una rubia llamada Brigitte Bardot irrumpió como un huracán en una película dirigida por su marido que borró de un plumazo todos los cuerpos precedentes en las pantallas del cine francés. El título, irónico, Y Dios creó a la mujer. La irrupción de la Bardot fue la verdadera extinción de Martine Carol. Lo que vino después –las drogas, los fracasos amorosos y profesionales, un fatal accidente y una muerte en turbias circunstancias–, fue la tragedia extendida de una vida truncada a los 46 años de edad. Al poco de aparecer muerta sumergida en una bañera de un hotel de Mónaco, se estrenó su último film, una producción británica que llevaba cuatro años durmiendo en el limbo. Su título, no menos irónico, Hell is Empty.

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