Sodoma y Gomorra

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EL LOBO DE WALL STREET
The Wolf of Wall Street
Martin Scorsese, 2013

En la carta que Martin Scorsese le escribe a su hija, publicada en L’Espresso el pasado 2 de enero, el director neoyorquino entona algo parecido al canto fúnebre de su oficio: “En los últimos años, me he dado cuenta de que la idea del cine con la que crecí, de las películas que te mostré de pequeña […], está llegando a su final”. Le escribe también a su hija Francesca (actriz nacida en 1999) que, en todo caso, no ve el futuro con pesimismo, que ese “futuro será brillante porque por primera vez en la historia de esta forma de arte, las películas se pueden hacer con muy poco dinero”. Es posible que su último trabajo, El lobo de Wall Street, que ha costado la friolera de cien millones de dólares y siete años de trabajo mano a mano con Leonardo DiCaprio (protagonista y productor de la cinta), la haya realizado desde la conciencia de que representa un final de ciclo. Para él y para el cine.

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Dylan en el caleidoscopio

I’M NOT THERE
I’m Not There
Todd Haynes, 2007

Desde los primeros instantes de I’m Not There, cuando la cámara reemplaza a Bob Dylan caminando hacia el escenario, el magnífico film de Todd Haynes toma por propósito inmiscuirnos en el caos y la genialidad que palpitan bajo la piel de Robert Allen Zimmerman. Más allá del excelente empleo de la música para puntuar los significados sumergidos de cada tema (algunos como Positively 4th Street, Ballad of a Thin Man, Moonshiner y Blind Willie McTell recuperan su sentido preciso en yuxtaposición con las imágenes), I’m Not There en realidad no trata en ningún momento de ahondar en el proceso creativo del artista, sino en su pesquisa de una identidad abstracta, elusiva y camaleónica. Es decir, en las máscaras que Dylan ha ido colocándose a lo largo de su carrera para que no viéramos a Zimmerman. Bien como el impostor de Woody Guthrie (Marcus Carl Franklin) o el espíritu reencarnado de Arthur Rimbaud (Ben Whishaw), bien como profeta, trovador y predicador del alma (Christian Bale), como outlaw solitario (Richard Gere), marido imposible o estrella mediática (Heath Ledger), la identidad inaprensible del artista es el gran tema dylaniano y por tanto el núcleo del film de Haynes, un versado dylanófilo. Con buen criterio, el objetivo que se propone Haynes no pasa por simplificar esa complejidad y retratar la vida y milagros del “hombre detrás de su música”, sino por ponerla en evidencia tomando la forma de un criptograma audiovisual con imágenes que recrean, reescriben, reinventan, comentan o remiten a otras imágenes firmemente ancladas en el imaginario visual dylaniano.

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