Bajo el peso de la grandilocuencia

f8aadbccc4964c3fa0053c2ad977d43a_compressed

EL RENACIDO
The Revenant
Alejandro González Iñárritu, 2015

“A principios de 1800, un grupo de tramperos y comerciantes indios regresan con sus bienes a la civilización tratando de ganarle el tiempo al invierno. Cuando el guía […] es herido por un ataque de oso, deciden dejarle atrás para que muera. Al recuperarse, sin embargo, jura venganza sobre ellos y les persigue […].” (imdb). Esta sinopsis no es de El renacido, aunque podría serlo. Es de El hombre de una tierra salvaje (Man in the Wilderness, 1971), escrita por Jack DeWitt, dirigida por Richard C. Sarafian y protagonizada por Richard Harris.

Al igual que la novela de Michael Punke en que “parcialmente” se basa el guión de El renacido, escrito por González Iñárritu y Mark L. Smith –nominados a Mejor Guion Adaptado–, DeWitt se inspiró en la historia del verdadero Hugh Glass, el trampero que sobrevivió al ataque de un Grizzly y se convirtió en una leyenda de las montañas y del río Missouri, inspirador asimismo del largo poema La canción de Hugh Glass. El esqueleto narrativo de El renacido es la misma historia que nos contó DeWitt, guionista que escribió series B y televisión desde los años cuarenta hasta que se despidió con la trilogía de Un hombre llamado caballo (1970-1983), y todo lo que queda más allá del mito fundador pre-western y las crónicas de supervivencia y venganza responde a las habituales ambiciones de Iñárritu por entregar “una experiencia que golpee al espectador” y añadir al relato grandes ideas, destinos azarosos y significados de carácter racial, romántico y sobrenatural.

Sigue leyendo

El tiempo de los fariseos

De la cultura de la violación a la violación de la cultura

Puede que este artículo me granjee algunas enemistades y acaso algún motivo de arrepentimiento. Soy consciente de que me meto en un jardín en el que nadie quiere adentrarse, enfangado en posiciones extremas que no admiten escepticismos o matices. Su tesis es vieja y sencilla, aunque no por ello deja de revelar algo profundo sobre las dinámicas ético-sociales de la sociedad occidental de la que formamos parte: su alarmante hipocresía y superficialidad moral. No es algo nuevo, pero el imperialismo del pensamiento único avivado por la realidad paralela del ciberespacio han llevado recientemente esta situación a un lugar desde el que ya no parece aceptable poner en cuestión acciones injustas y peligrosas, por más justas y necesarias que sean las causas que las avivan. Las desmedidas reacciones al más aberrante de los comportamientos también pueden conducir a ciertas formas de abyección.

No han sido las repetidas denuncias y los linchamientos mediáticos a los depredadores sexuales Harvey Weinstein o Kevin Spacey los que me han llevado a escribir esto. Sentir lástima o compasión por ellos es una estupidez (incluso aunque responda a un sentimiento humano), si bien el enjuicamiento social se ha impuesto sobre la condena legal en ambos casos. Hay que colocarse sin duda del lado de la víctima, de las numerosas e indefensas víctimas, a las que se añade el factor de opresión histórica que las ha silenciado durante siglos. Eso es obvio, de modo que pongo por delante mi infinita repulsa, condena y tristeza. Pero dicho esto, no consigo dejar de preguntarme por qué los comportamientos sexualmente abusivos de la sociedad patriarcal son suficientes para destruir la carrera y silenciar el legado de varios artistas cinematográficos (de Hollywood y más allá) pero no para impedir que un evidenciado agresor sexual tome las riendas del país más poderoso del mundo. Como decía, esto va de hipocresía moral.

Sigue leyendo

Misterios y fulgores de la mirada

Imagen

MICHELANGELO ANTONIONI
(Ferrara, 1912 – Roma, 2007)

Hace poco más de cinco años, el 30 de julio de 2007, los hilos del azar quisieron que dos luces fundamentales de la historia del cine se apagaran conjuntamente. Aquel aciago día de verano, morían con una diferencia de unas horas el sueco Ingmar Bergman (Uppsala, 1914 – Färö, 2007) y el italiano Michelangelo Antonioni (Ferrara, 1912 – Roma, 2007), cineastas insustituibles y cruciales de la modernidad cinematográfica, sobre todo para quienes entienden que el trayecto modernista es tan importante en el siglo del cinematógrafo como lo fuera el periodo clásico. El de Ferrara murió con 94 años de edad, y en un día como hoy, el 29 de septiembre de 2012, hubiera cumplido cien años.

Sigue leyendo