Abismos de crueldad

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LADY MACBETH
William Oldroyd, 2016

En la sutura de los planos yace uno de los secretos del cine. Frente a obras primerizas como Lady Macbeth podemos intuir la presencia de un cineasta dotado. El británico William Oldroyd se enfrenta a un drama de clausuras y enclaustramientos, a un relato mínimo y opresivo, con la clarividencia de un sastre que en su primer traje ya parece haber aprendido el oficio. La sutura de sus planos estáticos parece tan precisa que acaso mostrarían el drama con la misma intensidad, con sus mismos giros sorpresivos, si éste fuera mudo. Y al mismo tiempo, toda la solemnidad, el aparente encorsetamiento de la propuesta, se deja invadir por estallidos de fogosa libertad, ironía, audacia en las elipsis, distancia expositiva. Con mimbres clásicos –un marido amargado, una mujer azotada, un suegro despiadado, un joven amante y una sirvienta chismosa–, el debutante inglés arma un angustioso, tenebroso cuento de pasiones prohibidas vertebrado por la crueldad emocional.

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