Al otro lado del espejo: la infancia

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CÉLINE Y JULIE VAN EN BARCO
Céline et Julie vont en bateau
Jacques Rivette, 1974

El fallecimiento de Jacques Rivette coincide con el 150 aniversario de la publicación de Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (1866), de Lewis Carroll. Otro círculo cósmico se cierra así en la vida y obra del cineasta más carrolliano que ha dado el cine. A lo largo de toda su obra, y especialmente en Céline y Julie van en barco (1974), nos invitó a cruzar el espejo para reconocernos en el otro lado de la pantalla.

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Rivette cruzó el espejo

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JACQUES RIVETTE
(Rouen, 1918 – París, 2016)

El más secreto de los cineastas de la Nouvelle Vague, aunque también fue el primero de todos ellos que dio el salto de la crítica a la dirección en los años cincuenta, Jacques Rivette (Rouen, 1928 – París, 2016) se ha marchado a los 87 años de edad. De aquellos jóvenes turcos de la seminal Cahiers du cinéma, que inventaron el cine moderno y lo elevaron a la categoría de arte, ya solo queda Jean-Luc Godard.

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El regreso de Miyazaki

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NAUSICAÄ DEL VALLE DEL VIENTO
Kaze no tani no Naushika
Hayao Miyazaki, 1984

No podemos dejar de señalar que la recuperación para las pantallas españolas de Nausicäa del valle del viento (1984) coincida en salas con películas recientes como Donde viven los monstruos (Spikez Jonze), Fantástico Sr. Fox (Wes Anderson), Alicia en el País de las Maravillas (Tim Burton) o Avatar (James Cameron). No podemos dejar de señalarlo porque esta primeriza obra del universo animado de Hayao Miyazaki, realizada hace 25 años, también nos puede guiar estos días para vislumbrar algunas claves del manifiesto rechazo por la imagen realista que detentan los últimos trabajos de varios cineastas de peso dentro de la industria norteamericana. Más allá de que Miyazaki ya hubiera emprendido con El viaje de Chihiro (2001) un viaje al otro lado del espejo probablemente tan mitológico como el de la Alicia de Lewis Carroll, o que la fábula ecológica Avatar, con su propio animalario, pueda revelarse como un sucedáneo new-age del aliento moral por la preservación de las especies que recorre Nausicäa del valle…, lo cierto es que Tim Burton y James Cameron siempre han competido a su manera en la liga de la animación, de los universos fantásticos y las faunas mitológicas. Más sorprendente resulta este giro en el caso de Spike Jonze y Wes Anderson, autores que han trabajado tan pegados a la piel humana y a la interpelación de la psicología adulta que sus extraordinarias incursiones en el universo infantil no dejan de ofrecerse como síntoma de algún deseo o transformación. En la cultura del simulacro, en un mundo difícil de apresar, las imágenes que nos rodean son más huidizas que nunca.

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Alicia en el país de Tim Burton

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ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS
Alice in Wonderland
Tim Burton, 2010

El cineasta en el museo. Ahora que el MOMA ha dedicado a Tim Burton una monumental exposición, diremos que Alicia en el País de las Maravillas es la película de un artista institucionalizado. Pero no hacía falta que sus diseños colgaran de las paredes de un museo para llegar a semejante conclusión. La domesticación de Burton viene de lejos. El punto de inflexión podría ser Big Fish (2003), donde el diseño de producción aplastaba un meloso relato de amor milagroso. A partir de entonces, Burton parece haber establecido una marca distintiva que pasa por una determinada forma de “ilustrar” los reconocibles mundos de otros creadores. No hay mucha diferencia entre el barniz con que lustró su lectura de Roald Dahl en Charlie y la fábrica de chocolate (2005) o la obra musical Sweeney Todd (2007) y la clase de alquimia que Burton nos ofrece ahora en su versión de Alicia: traslada su poética visual a la creación de un parque temático que, en el caso de Alicia…, se asemeja demasiado al tráiler de un videojuego. Son todas ellas películas al servicio de la dirección artística. Por eso nos rendimos al hechizo del Gato Chesire recreado por Burton: la única magia del film viene servida por las caracterizaciones digitales de sus criaturas antropomórficas. El resto es tan efímero como la nube de humo que rodea a la maravillosa Oruga Azul.

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