El hijo, el espíritu y el padre

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CUARENTA AÑOS SIN PIER PAOLO PASOLINI
Noviembre, 2015

PASOLINI
Abel Ferrara, 2015

El hijo

La película se centra en apenas dos horas de su vida. Es el 2 de noviembre de 1975 y Pier Paolo Pasolini va a morir. La brutalidad del crimen se convertirá en uno de los enigmas y traumas culturales sobre los que más tinta se ha vertido en los últimos cuarenta años. La película se titula Pasolini (2014), la dirige el cineasta neoyorquino Abel Ferrara, la protagoniza Willem Dafoe y se presentó en el pasado Festival de Venecia. Las opiniones de la crítica fueron muy divergentes. Seguramente el film, desde su fragmentación caleidoscópica y su pulso onírico y rabiosamente subjetivo, convocará entusiasmos en festivales y salas alternativas, pero se considerará poco menos que un anatema entre los grandes públicos. Acaso debía ser así, porque en esos circuitos es donde también fue descubierto, apreciado y encumbrado el radical, subversivo, iconoclasta cuerpo fílmico del gran Pier Paolo Pasolini.

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La vuelta al cine en quince horas

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THE STORY OF FILM: AN ODYSSEY
Mark Cousins, 2011

El principio del que parte la selectiva, inusual y provocativa historia del cine elaborada por Mark Cousins es simple y llanamente el de la creatividad. ¿Qué películas, qué directores, qué movimientos han propulsado el séptimo arte, qué innovaciones lo han convertido en ese medio tan poderoso, qué mutaciones ha experimentado como arte y como industria? “Este libro cuenta la trayectoria del arte de hacer cine”. Es la primera frase del estudio de 500 páginas que el documentalista y crítico británico publicó en 2004 (Blume) y que años después, bajo el auspicio de Channel 4, convirtió en una serie de 15 episodios, 900 minutos: The Story of Film: An Odyssey (2011). El trayecto arranca en los pioneros del cine y llega hasta nuestra era digital, mostrado en orden cronológico y ordenación geográfica, proyectando afinidades y corrientes estéticas, proponiendo una mirada globalizada y omnívora alejado de cánones. Caben el cine experimental, el mainstream y el de autor. Una obra realmente ambiciosa que se propone conferir un contexto, ordenar y clarificar los orígenes y efectos de las creaciones cinematográficas a lo largo de un siglo.

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Perversiones necrófilas

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THE NEON DEMON
Nicholas Winding Refn, 2016

Los extremos se retroalimentan. Una película como The Neon Demon existe por y para ellos. Cada año surge una obra que, dependiendo del espectador, podrá entenderse como maestra o como todo lo contrario. Cannes suele ser el ring donde detractores y admiradores se golpean dialécticamante. Este año el honor ha recaído sobre la última película de Nicolas Winding Refn, autor que se ha ganado el respeto de crítica y audiencia en más de una ocasión –con Pusher (1996) y con Drive (2011), por ejemplo–, un provocador nato que esta vez ha llevado el escándalo al primer plano de su creación con una fábula sobre la belleza y la muerte situado en el competitivo mundo de la moda de Los Angeles. El resultado, para quien esto escribe, es pueril y ridículo, pretencioso y hasta ofensivo, compuesto de imágenes de segunda mano (recicladas de otros cineastas) y pastiches sonoros, y con un garrafal error de casting que recae sobre la pobre protagonista, Elle Fanning, cuya belleza virginal deslumbra a todos los que están dentro de la pantalla pero no a los que quedamos fuera.

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Perversiones infantiles

ANTICRISTO
Antichrist
Lars von Trier, 2009

Es un tópico decirlo, pero frente a una propuesta tan radical como Anticristo, el término medio (la indiferencia) no debería encontrar cabida. Está fuera de toda lógica debatir si es una buena o una mala película, si es recomendable o no lo es, si nos ha gustado o no. También los juicios éticos carecen de relevancia desde el momento en que Lars von Trier se propone deliberadamente rasgar la mirada del espectador y agredir su sensibilidad. El objetivo del film no es complacer el gusto o la moral, sino provocar reacciones, y entre ellas el rechazo es tan válido como la fascinada conmoción. Digamos que el director de Rompiendo las olas (1996), Bailar en la oscuridad (2000) y Dogville (2003) lleva a un nuevo límite los placeres por el sadismo y la misoginia ya familiares en su filmografía, y que, en una penúltima vuelta de tuerca, Anticristo ya no se conforma con postularse como una suerte de film-ensayo sobre los límites de la tortura (mental y física) en la pantalla, sino que directamente trata de ejercer esa violencia sobre nuestros sentidos. Una violencia, digámoslo ya, tremendamente explícita y sediciosa, cuya intensidad va mostrándose en imparable crescendo, pero que no necesariamente significa que sea realista. Del mismo modo que no es realista la violencia de los dibujos animados de Tom y Jerry. Al fin y al cabo, los dos únicos personajes del film, Él y Ella —capítulo aparte merecería la pasmosa entrega de los actores, de sus cuerpos y sus mentes—, no se distinguen tanto de aquellos animalitos animados que se persiguen y maltratan irracionalmente en un eterno bucle de amor y odio.

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