El imperio del humor

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Gente en sitios (2014), de Juan Cavestany

DE BERLANGA AL POST-HUMOR
El cine español propone nuevos caminos para la comedia

Aunque todo presente se explica en su pretérito, a veces el pasado puede pesar como una losa. ¿Ha sido el cine español capaz de desprenderse de ella para encontrar nuevas formas de humor? Isaki Lacuesta, ganador de la Concha de Oro con Los pasos dobles (2011), está convencido de que “España solo puede entenderse en clave de chirigota, de esperpento, de entremés o de tragicomedia berlanguiana, es decir, en clave de telediario”. Aunque ya en Los pasos dobles había guiños cómicos y en el reciente corto Tres triples triples (2013) practica un humor indefinible, en un sentido estricto el autor de Los condenados (2009) aborda por primera vez la comedia con su último proyecto, Murieron por encima de sus posibilidades (2015), cuyo rodaje ha terminado este verano. Rodada en cooperativa, su argumento gira en torno al secuestro de un banquero por una banda de indignados.

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La guerra de los idiotas

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TROPIC THUNDER: ¡UNA GUERRA MUY PERRA!
Tropic Thunder
Ben Stiller, 2008

Tom Cruise haciendo ostensiblemente el ganso bajo el disfraz de un histérico productor judío sin escrúpulos. Sobre tal escena desfilan los créditos finales de la declaración de guerra contra Hollywood que ha firmado Ben Stiller con su cuarto largometraje, Tropic Thunder, del que obviaremos su subtítulo castellano, muy propio por otra parte de una industria tan bufa como la que retrata el autor de Zoolander (2001). Si hace siete años el blanco de sus chistes fue la infantilizada, cruenta industria de la moda, ahora le ha llegado el turno a la mano que le paga su mansión en Beverly Hills. Y aunque el conjunto de Tropic Thunder no mantiene la misma intensidad que Zoolander, bien es cierto que el veneno de su agresión es todavía más nocivo, pues no es en absoluto, como nos recuerda la revista “Amante”, una “parodia funcional al poder” (aunque se haya posicionado en el primer puesto de la taquilla). Un poder que sigue alimentándose de contradicciones al permitir a un dinamitador actuar dentro de su sistema ­–el film lo produce DreamWorks y lo distribuye Paramount–; alguien que además es capaz de arrastrar a la estrella mimada de la Meca (que parecía haber perdido los papeles) en su particular campaña de ridiculización contra las grandes corporaciones del show-business cinematográfico. En su furioso y desternillante “yo acuso”, Stiller encuentra otros aliados sin complejos como Robert Downey Jr. (su papel de actor “negro” del Método lleva inscrita gran parte de la intrahistoria más risible del cine), Jack Black, Steve Coogan, Mathew McConaughey o el mismísimo Nick Nolte, todos ellos en roles de guerrilla sobradamente comprometidos con la causa.

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Woody David o Larry Allen

SI LA COSA FUNCIONA
Whatever Works
Woody Allen, 2009

No es la primera vez que ocurre. Empezó con una hormiga animada (Hormigaz, Eric Darnell y Tim Johnson, 1998), y después Kenneth Branagh (Celebrity, 1998), Jason Biggs (Todo lo demás, 2003) y Will Ferrell (Melinda y Melinda, 2004) también han intentado calzarse los zapatos de Woody Allen. Pero no es sencillo tomar sus neurosis como propias, simular su lenguaje corporal o declinar sus chistes. Productos de un enmascaramiento forzado, aquellas “personificaciones” del genio neoyorquino caminan entre la sosa imitación de Branagh, el infranqueable muro generacional que se interponía entre este y Jason Biggs y las desesperadas muecas de Will Ferrell en busca de los manierismos y tartamudeos de Woody. Pero en Si la cosa funciona, la mascarada realmente funciona. El motivo es Larry David. Aunque el guión lo escribió Woody Allen hace más de treinta años con la idea en mente de que lo protagonizara el gran Zero Mostel, esta vez parece haber entendido que no se trata de buscar la mímesis interpretativa, sino de elegir a su auténtico doppelgänger. El cuerpo diminuto y enclenque de Woody Allen toma entonces la forma alta y desgarbada de Larry David, pero, de algún modo, la conjura de impostaciones permite que Larry David pueda ser Woody Allen sin dejar de ser Larry David, mientras que Woody Allen puede hacer una película con Larry David sin dejar de ser Woody Allen. Intentemos descifrar este galimatías.

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