Rivette cruzó el espejo

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JACQUES RIVETTE
(Rouen, 1918 – París, 2016)

El más secreto de los cineastas de la Nouvelle Vague, aunque también fue el primero de todos ellos que dio el salto de la crítica a la dirección en los años cincuenta, Jacques Rivette (Rouen, 1928 – París, 2016) se ha marchado a los 87 años de edad. De aquellos jóvenes turcos de la seminal Cahiers du cinéma, que inventaron el cine moderno y lo elevaron a la categoría de arte, ya solo queda Jean-Luc Godard.

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La vuelta al cine en quince horas

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THE STORY OF FILM: AN ODYSSEY
Mark Cousins, 2011

El principio del que parte la selectiva, inusual y provocativa historia del cine elaborada por Mark Cousins es simple y llanamente el de la creatividad. ¿Qué películas, qué directores, qué movimientos han propulsado el séptimo arte, qué innovaciones lo han convertido en ese medio tan poderoso, qué mutaciones ha experimentado como arte y como industria? “Este libro cuenta la trayectoria del arte de hacer cine”. Es la primera frase del estudio de 500 páginas que el documentalista y crítico británico publicó en 2004 (Blume) y que años después, bajo el auspicio de Channel 4, convirtió en una serie de 15 episodios, 900 minutos: The Story of Film: An Odyssey (2011). El trayecto arranca en los pioneros del cine y llega hasta nuestra era digital, mostrado en orden cronológico y ordenación geográfica, proyectando afinidades y corrientes estéticas, proponiendo una mirada globalizada y omnívora alejado de cánones. Caben el cine experimental, el mainstream y el de autor. Una obra realmente ambiciosa que se propone conferir un contexto, ordenar y clarificar los orígenes y efectos de las creaciones cinematográficas a lo largo de un siglo.

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Energías renovables

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BONE TOMAHAWK
S. Craig Zahler, 2015

MI HIJA, MI HERMANA
Les Cowboys
Thomas Bidegau, 2015

El cine se disputa desde hace mucho tiempo en las ondas sísmicas de viejos epicentros. Pensemos en el western: convendríamos fácilmente en que su epicentro es John Ford. Y para concretar más: Centauros del desierto. John Wayne, Monument Valley, indios salvajes, la épica de la frontera, el gran romance explícito en la imagen, pero silenciado en el drama. Su fuerza sísmica nos alcanza hasta hoy. No solo eso: está inscrita en el código genético de prácticamente cualquier western que quiera dignificarse. Lo comprobamos con el estreno de Bone Tomahawk, de S. Craig Zahler, multipremiada en Sitges, y también con la producción franco-belga Mi hija, mi hermana (Les Cowboys), de Thomas Bidegain. Emanan ambas películas, escritas y dirigidas por debutantes, como perfectos y muy distintos ejemplos de cómo el western de autor apenas puede eludir el epicentro fordiano.

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Peter Bogdanovich: “Ya solo se hacen películas para niños”

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De entre los genuinos cinefils que aún rondan por Hollywood, el septuagenario Peter Bogdanovich (Nueva York, 1939) es acaso el más letrado de todos ellos. Es tan pasional y erudito como Martin Scorsese, compañero de generación, pero su fijación por la Edad de Oro del cine americano ha demostrado ser mucho más acuciante. En sus mejores trabajos, desde los dramas de época La última película (1971) y Luna de papel (1973) hasta las comedias sofisticadas ¿Qué me pasa, doctor? (1972) o ¡Qué ruina de función! (1992), la nostalgia está incorporada a su cine. También en Lío en Broadway, su última película, que se postula sin miramientos como una encendida carta de amor a Ernst Lubitsch. No es un síndrome ni una enfermedad, no es una nostalgia nociva. Es más bien su forma de rendir cuentas con la cinefilia clásica que alumbró sus retinas de juventud. “En mis mejores años de espectador, llegué a ver 500 películas al año, y tomaba notas de cada una de ellas, hasta que llegó un momento, cuando empecé a dirigir mis propios filmes, en el que decidí que ya había aprendido lo suficiente. Desde entonces solo veo lo esencial”.

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Latidos musicales de Eastwood

Film Review-Jersey Boys

JERSEY BOYS
Jersey Boys
Clint Eastwood, 2014

Se podría explorar prácticamente todo el cine de Clint Eastwood desde su música. Y no solo porque haya compuesto la mayoría de las bandas sonoras de sus filmes, casi siempre arrastrando una cadencia sentimental y muy reconocible, sino quizá porque entendió desde sus primeros trabajos –ya desde la hitchcockiana Escalofrío en la noche (1971)– que el arte cinematográfico encuentra en la música, y en su necesario impulso rítmico, su expresión creativa más cercana. Hay que recurrir una vez más a Godard cuando escribe su crítica de The Pajama Game (1957, G. Abbot y S. Donen): “El musical es en cierta forma la idealización del cine”.

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Matt Reeves: “El cine es sobre todo empatía emocional”

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EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS SIMIOS

The Dawn of the Planet of the Apes
Matt Reeves, 2014

Daba la sensación de que, tras la película de Tim Burton en 2001, cualquier intento de recuperar con ideas frescas la mitología de El planeta de los simios era una quimera. Pero el drama entre humanos y simios, a partir de la estrella simiesca César (Andy Serkis), que puso en escena El origen del planeta de los simios hace tres años revitalizó la serie. Sustituyendo a Rupert Wyatt para la secuela, El amanecer del planeta de los simios, se ha puesto detrás de la cámara Matt Reeves, conocido por realizar la versión americana de la fantastía vampírica Déjame entrar y sobre todo por dirigir la pieza de culto Cloverfield.

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Los actores de la Nouvelle Vague

DOS O TRES COSAS QUE SABEMOS DE ELLOS
Digresiones en torno a (algunos) cuerpos y espíritus de la Nouvelle Vague


EL CUERPO

Se abre el telón. La condesa de Landsfeld, perdido el honor, es objeto de escarnio y pleitesía. Ella, cuya belleza y malas artes arruinaron a monarcas y millonarios de todo el mundo (así lo asegura el maestro de ceremonias), es expuesta como un maniquí, encerrada en una jaula, en el circo de Nueva Orléans. El plano frontal nace cerca de su rostro, impávido, resignado, solitario, de una belleza decadente. La cámara se aleja de ella, el plano va mostrando dos largas colas de ciudadanos anónimos acercándose en procesión. Han pagado un dólar y, por un instante, pueden ver de cerca, incluso besar la mano, de un mito sexual, la más perversa y fascinante de las mujeres de una época extinguida. Se cierra el telón.

[“Lola Montes” (1956), Max Ophüls]

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I.

El estrellato de Martine Carol fue breve y terminó trágicamente. Sólo pudo disfrutarlo durante los primeros años cincuenta, después de una labrada carrera en el teatro y como diosa pin-up de la posguerra. En 1956, una rubia llamada Brigitte Bardot irrumpió como un huracán en una película dirigida por su marido que borró de un plumazo todos los cuerpos precedentes en las pantallas del cine francés. El título, irónico, Y Dios creó a la mujer. La irrupción de la Bardot fue la verdadera extinción de Martine Carol. Lo que vino después –las drogas, los fracasos amorosos y profesionales, un fatal accidente y una muerte en turbias circunstancias–, fue la tragedia extendida de una vida truncada a los 46 años de edad. Al poco de aparecer muerta sumergida en una bañera de un hotel de Mónaco, se estrenó su último film, una producción británica que llevaba cuatro años durmiendo en el limbo. Su título, no menos irónico, Hell is Empty.

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