La secreta intensidad de Suwa

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NOBUHIRO SUWA
Cofre DVD Intermedio, 2008

Una idea: la pareja en crisis sigue siendo el gran motivo del cine. Ninguno de sus exploradores ha agotado la materia porque es inagotable. Murnau, Stahl, Sirk, Bergman, Rossellini, Rohmer, Cassavettes, Pialat… Para ellos, las relaciones afectivas, sus turbulencias (morales, psicológicas, sentimentales), siguieron siendo el gran misterio de los hombres y el gran motivo para hacer cine. Porque la cámara interroga, perfora en los cuerpos y los rostros hasta extraer energías invisibles, escudriña el mundo interior y nos revela secretos. A ello se ha dedicado también el cine en construcción de Nobuhiro Suwa, cineasta nacido en 1960 en Japón y confeso heredero de la modernidad cinematográfica. Sus exploraciones de las convivencias en pareja –editadas por Intermedio formando una trilogía: 2/Duo (1997), M/Other (1999) y Un couple parfait (2005)– arrojan al hombre del tercer milenio preguntas que hoy casi nadie, en el cine, se plantea sin caer después en la complacencia. Incluso Wong Kar-wai parece haber cedido.

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Los años del limbo

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FULGORES DEL CORTOMETRAJE DIGITAL (2000-2010)

1. Cartas de naturaleza

Hay que comenzar hablando de los gigantes sobre cuyos hombros se alzarán los enanos. Tratándose del cortometraje español, probablemente sería irrespetuoso no hacerlo así. Uno de esos gigantes es Víctor Erice.

Mediada la primera década del siglo XXI, la década del limbo digital –aquella en la que algo se remueve sin la certeza de hacia dónde se mueve–, nuestro mayor cineasta vivo, y también el más silencioso, movía ficha, realizaba un gesto revelador y tomaba posición en el marasmo digital. Y lo hacía en el terreno del cortometraje. Dos piezas de apenas diez y veinte minutos, El jardín del pintor y Arroyo de la luz, dos cartas audiovisuales enviadas al cineasta iraní Abbas Kiarostami en gozosa correspondencia creativa. Las películas, realizadas en vídeo digital, formaban parte de la exposición impulsada por Alain Bergala y Jordi Balló bajo el título Correspondencias. Erice-Kiarostami. Aumentando el cruce de vídeo-cartas en cada paso de su itinerancia –hasta llegar a las diez misivas–, el curso de esta cardinal aventura fílmica arrancó en Barcelona (CCCB, febrero de 2006), se prolongó en Madrid (La Casa Encendida, julio de 2006) y terminó en París (Centre Georges Pompidou, septiembre de 2007).

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Las grietas y la luz

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ABBAS KIAROSTAMI
(Teherán, 1941 – París, 2016)

“Mi película ideal es una especie de crucigrama con huecos
en blanco que el público pueda completar.
Algunos describen las películas como perfectas,
sin grieta alguna, pero para mí esto significa
que la audiencia no puede meterse dentro de ellas”.

Abbas Kiarostami en conversación con Jonathan Rosenbaum
(Mutaciones del cine contemporáneo)

There’s a crack in everything,
that’s where the light gets in.

Leonard Cohen (Anthem)

 

4 de julio, 2016
21.34 horas

Mensaje de whassup: “Ha muerto Abbas Kiarostami…”

El niño aún no se ha dormido a mi lado. Contesto que, claro, escribiré algo, lo más rápido que pueda. ¿Ha muerto Kiarostami? “Joder, vaya racha”. No ha habido apenas tiempo para llorar la muerte de Michael Cimino. ¡Y ha muerto Kiarostami! El americano tenía 77 años. El iraní, 76. Demasiado jóvenes. Sus muertes son demasiado inesperadas.

 

5 de julio, 2016
00.10 am

El cine de Abbas Kiarostami (Teherán, 1940-París, 2016) es un cine de fisuras por donde pueda entrar la luz, la vida, el espectador. Dice la leyenda que tras haber visto Y la vida continúa (1992), Jean-Luc Godard no tuvo dudas: “Las películas empiezan con D. W. Griffith y terminan con Kiarostami”. Empezó, si queremos, eso que han llamado el post-cine, el que tantas glorias y también tantos fraudes nos ha legado. El cine que aniquiló por completo el relato cinematográfico, es decir, la articulación de una historia: ese momento en que, por obra y gracia del montaje, “el cine” empieza a hacer “películas”. O la llegada del tren se convierte en el robo y asalto al tren. Kiarostami aniquiló “las películas” precisamente para regresar al grado cero de la escritura, a la captura inmediata de la realidad, a las tomavistas de los Lumière, como dejó patente en la impresionante Five. Dedicated to Ozu (2003). El sumo sacerdote de innúmeros discípulos y correligionarios y video-aficionados en busca del “realismo cinematográfico”, fue él y quizá nadie más que él (aunque a su altura aún resiste Hou Hsiao-hsien), alma y poeta de una galaxia cinéfila, probablemente el director más original y más innovador de los últimos tiempos.

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Los actores de la Nouvelle Vague

DOS O TRES COSAS QUE SABEMOS DE ELLOS
Digresiones en torno a (algunos) cuerpos y espíritus de la Nouvelle Vague


EL CUERPO

Se abre el telón. La condesa de Landsfeld, perdido el honor, es objeto de escarnio y pleitesía. Ella, cuya belleza y malas artes arruinaron a monarcas y millonarios de todo el mundo (así lo asegura el maestro de ceremonias), es expuesta como un maniquí, encerrada en una jaula, en el circo de Nueva Orléans. El plano frontal nace cerca de su rostro, impávido, resignado, solitario, de una belleza decadente. La cámara se aleja de ella, el plano va mostrando dos largas colas de ciudadanos anónimos acercándose en procesión. Han pagado un dólar y, por un instante, pueden ver de cerca, incluso besar la mano, de un mito sexual, la más perversa y fascinante de las mujeres de una época extinguida. Se cierra el telón.

[“Lola Montes” (1956), Max Ophüls]

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I.

El estrellato de Martine Carol fue breve y terminó trágicamente. Sólo pudo disfrutarlo durante los primeros años cincuenta, después de una labrada carrera en el teatro y como diosa pin-up de la posguerra. En 1956, una rubia llamada Brigitte Bardot irrumpió como un huracán en una película dirigida por su marido que borró de un plumazo todos los cuerpos precedentes en las pantallas del cine francés. El título, irónico, Y Dios creó a la mujer. La irrupción de la Bardot fue la verdadera extinción de Martine Carol. Lo que vino después –las drogas, los fracasos amorosos y profesionales, un fatal accidente y una muerte en turbias circunstancias–, fue la tragedia extendida de una vida truncada a los 46 años de edad. Al poco de aparecer muerta sumergida en una bañera de un hotel de Mónaco, se estrenó su último film, una producción británica que llevaba cuatro años durmiendo en el limbo. Su título, no menos irónico, Hell is Empty.

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