Abel Ferrara: “Sólo he encontrado a Pasolini a través de mi experiencia”

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PASOLINI
Pasolini
Abel Ferrara, 2015

La entrevista pudo haber terminado bruscamente sin que apenas comenzara. Es legendaria la pulsión visceral de Abel Ferrara (Nueva York, 1951), casi tan legendaria como algunas de sus películas, pobladas de intuiciones y arrebatos. Es capaz de levantarse de la silla a la primera pregunta o de responder con una lluvia de insultos si la pregunta no es de su agrado. Este peridoista ha escuchado historias a las que cuesta dar crédito: no es solo una cuestión de formas o de educación, es puro delirio. El caso es que esta entrevista, mantenida por Skype, atraviesa su punto crítico en el primer minuto.

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La espiral sauriana

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Me preceden muchos y más doctos espigadores de símbolos en la filmografía sauriana.

Adentrarse en el universo de Carlos Saura, seamos espectadores comunes o analistas de sus películas, pasa por encontrar las semillas que puedan desactivar un fértil, bello y siempre desafiante paisaje de símbolos, metáforas, metonimias, alegorías completas.

Adentrarse en el universo de Carlos Saura nos proporciona la posibilidad de sentirnos como el primo de Angélica que interpretó José Luis López Vázquez. Es decir, ingresar como la Alicia de Lewis Carrol en un mundo en el que pasado, presente y futuro coexisten en la misma dimensión, en el que las personas se desdoblan y las identidades se fracturan, donde la memoria es el sumidero de la existencia, la historia es cíclica y en ella la barbarie es inmutable.

Ingresamos en el país de la memoria y la tragedia. En el país de los símbolos y los sueños.

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Patrimonio fílmico, entre la muerte y la memoria

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CENTRO DE CONSERVACIÓN Y RESTAURACIÓN
Filmoteca Española abre las puertas de su nueva sede

En un país con tolerancia a las utopías, la conservación del pasado sería al menos tan importante como la producción del futuro. Pero eso nunca ha sido una prioridad, a pesar de que la memoria cinematográfica padezca de amnesia galopante, enfrentada a la caducidad propia del celuloide. Las obras maestras de Neville, Buñuel o Berlanga son por su naturaleza mucho más degradables que los lienzos de Goya o los manuscritos de Cervantes. “Se trata de una lucha contra la muerte –asegura el restaurador Luciano Berriatúa–. Las películas son orgánicas y tienen una fecha de defunción si no se conservan adecuadamente”. La edificación de una necesaria sede que aglutine en óptimas condiciones el patrimonio nacional cinematográfico –ahora repartido por varios edificios, y no todos en las condiciones idóneas– es la historia del empeño de unos pocos luchando contra las circunstancias y el relato de un fracaso prolongado que, todo parece indicar, terminará con un final medianamente feliz. El Centro de Conservación y Restauración de Filmoteca Española (CCR), sito en la Ciudad de la Imagen de Madrid, ya es prácticamente una realidad.

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