La bestia humana de Dumont

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EL PEQUEÑO QUINQUIN
P’tit Quinquin
Bruno Dumont, 2014

Otro ejemplo de que las fronteras entre formatos y ventanas de exhibición se han diluido por completo: El pequeño Quinquin, de Bruno Dumont. Esta producción francesa se presentó en la Quincena de Realizadores de Cannes, pues no en vano se trata de la última creación de uno de los autores más iconoclastas, personales y celebrados del cine galo. Después se pasó por el canal Arte (coproductora de la serie), convirtiéndose en la emisión más exitosa del canal en sus 25 años de historia, al tiempo que se estrenaba en salas francesas para cosechar el aplauso de la crítica y del público. La críticos de la revista Cahiers du Cinéma de hecho la votaron como la Mejor Película de 2014, aunque supuestamente se tratara de un trabajo realizado para televisión en forma de miniserie. Y esta semana, el viernes 12 de junio, después de pasar por la pasada edición del Festival de San Sebastián, se estrena simultáneamente en salas cinematográficas españolas y en Movistar Series, que emitirá sus cuatro capítulos, 200 minutos en total. La grandeza del cine y la expansión narrativa de la televisión al unísono.

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El corazón de la monstruosidad

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TRUE DETECTIVE
True Detective
Nic Pizzolato, 2014 (HBO)

Seguramente el universo seriófilo no andaba necesitado de otros detectives atrapados en la espiral de la caza y captura del asesino. Prácticamente desde Twin Peaks (1990-1991), es probablemente el género más frecuentado por la teleficción de última hornada. Lo que sí necesitaba era una serie como True Detective, de ahí el entusiasmo generalizado de televidentes y de la crítica especializada. De hecho, el consenso ha sido tan unánime y apasionado que inevitablemente genera su reverso: la suspicacia y el escepticismo. Con apenas cuatro capítulos (el ecuador de la conclusiva primera temporada), tras asistir a un espectacular plano secuencia de seis minutos que proponía una clase de ambición televisiva insólita (“Who Goes There”), se sucedieron toda una serie de artículos en la blogosfera y publicaciones de prestigio que trascendían el mero apunte o crónica de urgencia para ofrecer elaboradas teorías sobre el terror cósmico de Lovecraft y El Rey amarillo de Chambers, sobre las influencias culturales, filosóficas, estéticas, musicales y hasta psicogeográficas de la serie. La inmediatez de la glosa pormenorizada de una serie no es un fenómeno nuevo (el seguimiento masivo de Lost marcó el gran punto de inflexión), pero sí parecía serlo el súbito culto y altamente especializado que True Detective ha generado durante su tiempo natural de emisión en la HBO.

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La casa de los sueños rotos

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CASA DE TOLERANCIA
L’Apollonide (Souvenirs de la maison close)
Bertrand Bonello, 2011

He aquí una película que podemos habitar. Una película que abre sus puertas –las de un prostíbulo en el cambio del siglo XIX al XX– y nos invita a vivir dentro de ella, recorrer sus espacios, relacionarnos con los cuerpos y las miradas que los habitan. Una película, por tanto, que no podemos si no frecuentar una y otra vez, atrapados por la hipnótica experiencia que propone, por los paraísos artificiales que atesora y los fragmentos de vida (de placer y de dolor) retratados y que, gracias al poder de seducción artística de Bertrand Bonello y sus extraordinarias actrices, no querremos abandonar por un minuto. Es más, volveremos a este burdel parisino que huele a Baudelaire y a Monet y a Renoir –y también a sífilis y a semen y a champagne–, acaso como hacen los clientes habituales del burdel (interpretados en su mayoría por cineastas franceses), convencidos de que en esa burbuja donde la felicidad puede tocarse, donde los fetichismos son la norma, encontrarán consuelo a las vidas que acontecen fuera de sus paredes, esas vidas a las que nunca tendremos acceso. El “huis clos” de Casa de tolerancia, que solo se rompe en dos ocasiones, configura una genuina poética del placer y la pérdida. 

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Misterios y fulgores de la mirada

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MICHELANGELO ANTONIONI
(Ferrara, 1912 – Roma, 2007)

Hace poco más de cinco años, el 30 de julio de 2007, los hilos del azar quisieron que dos luces fundamentales de la historia del cine se apagaran conjuntamente. Aquel aciago día de verano, morían con una diferencia de unas horas el sueco Ingmar Bergman (Uppsala, 1914 – Färö, 2007) y el italiano Michelangelo Antonioni (Ferrara, 1912 – Roma, 2007), cineastas insustituibles y cruciales de la modernidad cinematográfica, sobre todo para quienes entienden que el trayecto modernista es tan importante en el siglo del cinematógrafo como lo fuera el periodo clásico. El de Ferrara murió con 94 años de edad, y en un día como hoy, el 29 de septiembre de 2012, hubiera cumplido cien años.

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Iluminaciones de Amy

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ILUMINADA
Enlightened
Laura Dern & Mike White, 2011-2012
El gesto desencajado, la sonrisa torcida, la expresión rota. Una clase de belleza indeterminada, muy extraña, como un cuadro cubista que se proyecta en múltiples direcciones. Sólo un director como David Lynch ha podido extraer lo más perturbador de los rostros de Laura Dern. En Inland Empire (2006), la actriz se prestó como la tabla en la que cincelar los gestos y vacíos fantasmagóricos de la contemporaneidad digital. Con sus movimientos desmañados, su melena de fuego, a sus 45 años, Dern ejerce esa clase de fascinación y desconcierto que generan las presencias desdobladas. Una figura tan carnal como etérea, frágil y resistente como el cristal. El rostro de Amy Jellicoe, su avatar o su alter ego en Iluminada (Enlightened, HBO), es un mapa en el que trazar las angustias y las esperanzas del mundo. En una misma escena, en un mismo plano, con apenas una modulación de luz, puede ser hermoso o grotesco. Una perfecta caricatura del patetismo o un ser surcado de humanidad y de imperfecciones. Actriz superlativa, la presencia de Laura Dern es siempre incontrolable.

Vas a llorar, Louie, vas a morir…

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LOUIE (3ª TEMPORADA)
Louie, 2012
Louis C. K.

1) Mírales a los ojos y habla desde el corazón
2) Tienes que irte para volver
3) Si alguien te pide que guardes un secreto, es que el secreto es una mentira

Jack Dall (David Lynch) en Louie [S03E12]

Exterior, noche en Nueva York. En plano frontal sostenido, un templo de la comedia. Entre sus invitados, Louis C.K., probablemente el humorista más hype de la ciudad, lo que allí se entiende por un “comic’s comic”, es decir, un cómico de cómicos: en la mejor tradición norteamericana del ‘stand-up comedy’, la comedia monologada. Su comedia es su vida, su trabajo, su soledad, sus anhelos y su familia. El día a día en la metrópoli del siglo XXI. En este “sitcom verité”, la tercera temporada de Louie (FX) llegó a su hiatus final con una clase revelación creativa reservada a muy pocos. Tres capítulos en continuidad narrativa bajo el influjo (y las enseñanzas) de David Lynch [Late Show] y un epílogo en Asia [New Year’s Eve]… confuciano, poderoso, divertido y conmovedor. El plano final lo hubiera filmado Ozu.

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Luces en la oscuridad

LOS ABRAZOS ROTOS
Los abrazos rotos
Pedro Almodóvar, 2009

Es obligado: los juicios formados deben quedar atrás. El cine de Pedro Almodóvar es tan avasalladoramente personal que, frente a él, podemos salir expulsados como si fuéramos una visita indeseable o ser acogidos con los brazos bien abiertos. La mayoría de los espectadores habrá pasado por ambas experiencias frente a una película del manchego. Pero es obligado, insistimos, intentar colocarse con ojos limpios frente a las nuevas imágenes generadas por Almodóvar, lo que no se traduce en olvidar el camino recorrido hasta ahora por el cineasta, solo en dejarlo un par de horas en cuarentena. Después, parece conveniente tener en cuenta, al menos, tres imponderables frente a las sensaciones y las reflexiones que nos ha despertado el film. 1/ Sus películas siempre mantienen un fluido diálogo con otras artes y otras películas, fantasías propias o ajenas cuyo propósito es encaminar el alcance de sus ficciones hacia puntos de fuga inesperados. 2/ Como cineasta que confía el epicentro de su discurso a la fricción de los cuerpos y el poder de la palabra, el intérprete es su mayor aliado, más incluso que la cámara, que los decorados, que todo el impecable artificio. 3/ Almodóvar, como Lynch, como Fellini, es también un artista plástico que piensa en imágenes. Sus calculadas historias, y la ética (o el cuestionamiento de su necesidad) que las recorre, no deberían desvincularse de su marco estético o de su puesta en escena. La entidad plástica de sus films en relación a su desarrollo argumental es totalmente decisiva. Partiendo de estos imponderables a modo de “manual-de-instrucciones-para-pensar-el-cine-de-Almodóvar”, y tras apenas un primer visionado (lo ideal serían al menos dos), anotemos algunas conquistas observadas en Los abrazos rotos, el largometraje número 17 de Pedro Almodóvar.

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