Algo mucho más grande

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EL ARTE DE LOS CRÉDITOS EN DAVID FINCHER
(Prólogo al libro David Fincher. El viajero de las sombras)

Si el prólogo de un libro sobre cine debería funcionar como las secuencias de crédito de una película, entonces este prólogo está llamado a fracasar. La razón es sencilla: este libro versa sobre el cineasta contemporáneo que mayor talento vuelca y que con mayor seriedad se toma los títulos de arranque de sus films, hasta elevarlos en ocasiones a categoría de arte. David Fincher concibe cada plano, cada secuencia, cada gesto de la película, como una batalla que ganarle al tiempo. Cada segundo del metraje tiene un cometido inapelable.

[La mayoría de las imágenes y los enlaces a vídeo pertenecen
a la web Art of Title donde se puede leer una magnífica entrevista
a David Fincher sobre los títulos de créditos en sus películas.]

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Inercias, contagios y tránsitos

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EL NUEVO PAISAJE DE LA TELEFICCIÓN AMERICANA / Año 2014

Si queremos, la caída de Walter White en su querido laboratorio funcionaba como certificado de defunción de una forma de entender la ficción televisiva. El satisfactorio final de Breaking Bad (AMC, 2008-2013), la serie en la que minimalismo (narrativo) y manierismo (estético) se confabulaban para culminar los trayectos de la teleficción en el albor del siglo XXI, anunciaba un fin de ciclo. Un año después, terminaban Boardwalk Empire (HBO, 2010-2014) y Treme (HBO, 2010-2014), sucedáneos naturales y sofisticación barroca de las series que prendieron la mecha: Los Soprano (Terrence Winter recogía el testigo) y The Wire (de nuevo con David Simon al frente). En unos meses asistiremos al final de Don Draper en Mad Men (AMC, 2007-2015), y no es necesario recordar que su creador, Matthew Weiner, también se forjó en el ‘Writer’s Room’ de David Chase. ¿Qué quedará entonces? ¿La mediocridad de Masters of Sex? Pero por si estas cuatro sepulturas no bastaran, hagámonos a la idea de que el gran círculo de la televisión de autor (el escritor como la figura todopoderosa) lo cerrarán el próximo año quienes alumbraron su trazado: David Lynch y Mark Frost. El regreso de Twin Peaks será como un viaje al utero materno, 25 años después. 

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El corazón de la monstruosidad

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TRUE DETECTIVE
True Detective
Nic Pizzolato, 2014 (HBO)

Seguramente el universo seriófilo no andaba necesitado de otros detectives atrapados en la espiral de la caza y captura del asesino. Prácticamente desde Twin Peaks (1990-1991), es probablemente el género más frecuentado por la teleficción de última hornada. Lo que sí necesitaba era una serie como True Detective, de ahí el entusiasmo generalizado de televidentes y de la crítica especializada. De hecho, el consenso ha sido tan unánime y apasionado que inevitablemente genera su reverso: la suspicacia y el escepticismo. Con apenas cuatro capítulos (el ecuador de la conclusiva primera temporada), tras asistir a un espectacular plano secuencia de seis minutos que proponía una clase de ambición televisiva insólita (“Who Goes There”), se sucedieron toda una serie de artículos en la blogosfera y publicaciones de prestigio que trascendían el mero apunte o crónica de urgencia para ofrecer elaboradas teorías sobre el terror cósmico de Lovecraft y El Rey amarillo de Chambers, sobre las influencias culturales, filosóficas, estéticas, musicales y hasta psicogeográficas de la serie. La inmediatez de la glosa pormenorizada de una serie no es un fenómeno nuevo (el seguimiento masivo de Lost marcó el gran punto de inflexión), pero sí parecía serlo el súbito culto y altamente especializado que True Detective ha generado durante su tiempo natural de emisión en la HBO.

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Terrores conyugales

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PERDIDA
Gone Girl
David Fincher, 2014

Hay mayor complejidad en Perdida de la que aparenta. Para empezar, la resolución del punto de vista: ¿desde dónde se filma una historia y quién nos la cuenta? A este respecto, parecía extraordinariamente complejo, casi imposible, resolver la transmutación cinematográfica de la novela de Gillian Flynn, pues el best-seller que fue recibido como la última de las sensaciones de la literatura de serie negra concentraba gran parte de su energía dramática en la existencia de narradores poco fiables y constantes saltos en el tiempo. La subjetividad imperaba en el sombrío retrato de las devastaciones que ejerce el tiempo sobre un matrimonio, pues la estructura literaria alternaba las versiones de él y de ella sin que nunca pudiéramos estar seguros de quién fiarnos. Perdidos.

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Encuentros con David Fincher. El arte del ‘pulp’

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La transcripción de esta entrevista es el compendio de dos encuentros mantenidos con David Fincher el mismo día, el 15 de septiembre de 2014. El primero, de 25 minutos, tuvo lugar en una habitación del Hotel Villamagna de Madrid, con motivo de la promoción de su última película,
Perdida (Gone Girl); el segundo, apenas un par de horas después, tuvo lugar en el auditorio de la Escuela Universitaria TAI de Artes y Espectáculos, con motivo de la inauguración del curso 2014-2015. Frente a un auditorio de 180 personas, la mayoría estudiantes, entrevisté al director durante otros 25 minutos. A continuación ofrezco la transcripción literal y en continuidad de ambos encuentros.

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Vi(r)ajes en el tiempo

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LOOPER
Looper
Rian Johnson, 2012

Adquieren más y más sentido a medida que pasan los años. Las visiones de futuro que ha dado el cine de ciencia-ficción norteamericano, especialmente desde Blade Runner (1982), van tomando una forma consistente. El malvivir de una humanidad tecnologizada, las urbes oscuras y decadentes, el existencialismo como tema central. Looper se ajusta como un guante a todas estas premisas, añadiendo el desarrollo de la telequinesis en algunos individuos. Su relato acontece en el futurible 2044, si bien entra en juego asimismo un fuera de campo que transcurre treinta más tarde, 2074, en un mundo donde los viajes en el tiempo son posibles, aunque estén prohibidos por ley para evitar paradojas capaces de subvertir la Historia. A pesar de algunas incongruencias que deberemos dejar en manos de la suspensión de la credibilidad, Looper desarrolla probablemente la más interesante dramaturgia en torno a viajes en el tiempo desde Primer (Shane Carruth, 2004), si bien huye de las abstracciones espacio-temporales de aquel enigmático debut para potenciar los tropos del action-movie y el ‘thriller noir’. El más puro entretenimiento se construye aquí a partir de una inteligente distopía.

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