El imperio sensorial

 

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NAGISA OSHIMA
(Okayama, 1932 – Kanagawa, 2013)

Seguramente fue algo parecido a la inocencia sexual lo que otorgó tanta popularidad y leyenda rosa a una película como El imperio de los sentidos (Ai no corrida, 1976) en España, que estrenó Nagisa Oshima (Okayama, 1932-Kanagawa, 2013) cuando el cadáver del dictador aún estaba caliente, aunque a las salas de nuestro país llegó cuatro años después, en mayo de 1980. En verdad, el filme viajó con el escándalo por todo el mundo, debido a la violencia y el sexo que ponía en escena, y cuya historia de autocomplacencias estaba basada en un acontecimiento real ocurrido en 1930 en Japón. De hecho, en Japón sigue vigente hoy en día la censura de determinadas escenas en las que los actores principales (Tatsuya Fuji y Eiko Matsuda) practicaban sexo explícito frente a la cámara, como en cualquier película pornográfica. No por casualidad, Oshima buscó coproducción en Francia para su filme, pues las estrictas leyes de censura en Japón no le hubieran permitido rodarla.

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La claustrofilia de Bertolucci

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TÚ Y YO
Io e te
Bernardo Bertolucci, 2012

Un sótano y dos actores adolescentes. Poco más ha necesitado Bertolucci para su regreso a un cine de interiores (en toda su extensión), acaso determinado por su condición física. Como Dreyer en Gerturd (1964), Huston en Los muertos (1987) o Antonioni en La mirada de Michelangelo (2004), Bernardo Bertolucci también ha necesitado encontrar una “pieza de cámara” para dirigir desde una silla de ruedas. Todo hace pensar también que Tú y yo será la última película, el último gesto creativo, de otro maestro de la modernidad. Pero la claustrofilia del cine de Bertolucci no necesita justificación alguna, pues le preceden otros enclaustramientos: El último tango en París, Asediada, Los soñadores, etc.

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Noah Baumbach: “Hay que estar abierto al caos”

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FRANCES HA
Frances Ha
Noah Baumbach, 2014

En la imposibilidad de sentirse joven, a pesar de tener 27 años, se cifran las decepciones y fracasos de Frances Halliday, uno de los personajes más inolvidables del último cine americano. En la piel de la penúltima reina del cine indie, Greta Gerwig, es el centro absoluto de un filme casi milagroso que lleva por título su nombre incompleto. Bajo las imágenes en blanco y negro de Frances Ha, dirigida con maestría por Noah Baumbach (Brooklyn, 1969), late no solo uno de los grandes actos de amor que un autor americano haya dedicado nunca a Nueva York, sino también al espíritu de la Nouvelle Vague y, sobre todo, al encantamiento de una actriz. “Es mi poema de amor a Greta”, reconoce Baumbach por teléfono. No en vano, la película la escriben ambos, de ahí que la sátira social que ha caracterizado hasta ahora el cine del autor de Una historia de Brooklyn (2005) y Margot y la boda (2007), se torna más suave y sutil, aunque no desparecen el humor ni la sabiduría. Frances Ha, como su protagonista, es una película joven con alma vieja. O, si lo prefieren, una película vieja con alma joven.

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