Reescrituras

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Déjame entrar suma un nuevo caso de reescritura fílmica

La postura más cómoda pasa por entender que todo remake cinematográfico responde a motivos estrictamente pecuniarios. Si la industria norteamericana traslada a la pantalla una exitosa novela sueca que actualiza el mito del vampirismo infantil –Déjame entrar, de John Ajvide Lindqvist– y que ya fue llevada con gran éxito de crítica y público (europeo) a la pantalla apenas dos años atrás –Déjame entrar (Let The Right One In, 2008), del sueco Thom Anderson–, ¿qué otro motivo puede haber? ¿Por qué Matt Reeves, director de ese hito del cine digital titulado Cloverfield, opta para su reválida por filmar un relato ya filmado hace tan poco tiempo? Una de las claves consiste en determinar si esta enésima reelaboración cinematográfica trasciende el concepto canónico de la franquicia industrial –tipo The Ring (1998 y 2002), del original japonés de Hideo Nakata a su inconsistente traslación hollywoodense en manos de Gore Verbinski– o si entra en el territorio de la actualización por medio de determinada radicalidad conceptual –como sería el caso de las siamesas Funny Games (1997 y 2007), la austriaca y la norteamericana, realizadas por Michael Haneke con un rigor reproductivo en el que la duración de las escenas y la composición de los encuadres eran exactamente igual. Fue su forma de cuestionar (o todo lo contrario) la validez temporal de unas imágenes traumáticas.

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En la línea del horizonte

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EL CIELO GIRA
Mercedes Álvarez, 2005

El cielo gira tiene su origen en el máster de Documental de Creación de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (UPF), que cinco años atrás también había alumbrado el importante largometraje En construcción (2000), de José Luis Guerín, cuya relevancia cinematográfica y repercusión en el paisaje cinematográfico español propició la aceptación del cine documental en las salas comerciales, hasta entonces arrinconado a la injusta y tradicional asociación del formato documental con la pequeña pantalla. Mercedes Álvarez, que cursó el máster de la UPF en 1998, de hecho, no es en ningún modo ajena a la película de Guerín, pues se encargó, junto a Núria Ezquerra, de su montaje. La UPF extiende su actividad pedagógica a la producción y creación audiovisual entre los alumnos de su máster de Documental de Creación (por cuyas aulas, y bajo las enseñanzas de Joaquin Jordá y del propio Guerín, también pasaron entonces cineastas como Isaki Lacuesta o Ricardo Íscar), de modo que El cielo gira nace y cristaliza como parte de una iniciativa procedente del ámbito académico, con el apoyo del director del máster Jordi Balló, la colaboración de algunos de sus alumnos y la participación financiera del ICAA, Canal +, Gobierno de Navarra, Gobierno Vasco y la Junta de Castilla y León.

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Los años del limbo

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FULGORES DEL CORTOMETRAJE DIGITAL (2000-2010)

1. Cartas de naturaleza

Hay que comenzar hablando de los gigantes sobre cuyos hombros se alzarán los enanos. Tratándose del cortometraje español, probablemente sería irrespetuoso no hacerlo así. Uno de esos gigantes es Víctor Erice.

Mediada la primera década del siglo XXI, la década del limbo digital –aquella en la que algo se remueve sin la certeza de hacia dónde se mueve–, nuestro mayor cineasta vivo, y también el más silencioso, movía ficha, realizaba un gesto revelador y tomaba posición en el marasmo digital. Y lo hacía en el terreno del cortometraje. Dos piezas de apenas diez y veinte minutos, El jardín del pintor y Arroyo de la luz, dos cartas audiovisuales enviadas al cineasta iraní Abbas Kiarostami en gozosa correspondencia creativa. Las películas, realizadas en vídeo digital, formaban parte de la exposición impulsada por Alain Bergala y Jordi Balló bajo el título Correspondencias. Erice-Kiarostami. Aumentando el cruce de vídeo-cartas en cada paso de su itinerancia –hasta llegar a las diez misivas–, el curso de esta cardinal aventura fílmica arrancó en Barcelona (CCCB, febrero de 2006), se prolongó en Madrid (La Casa Encendida, julio de 2006) y terminó en París (Centre Georges Pompidou, septiembre de 2007).

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Etnografía y folclore rumanos

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SIERANEVADA
Cristi Puiu, 2017

Si en algún punto se puede señalar el alumbramiento de la inagotable Nueva Ola Rumana, que ya dejó de ser nueva hace una década, es en el apartamento de Bucarest donde el señor Lazarescu arrastró su agonía como si arrastrara toda la decadencia de un país genéticamente suicida. La magistral película con la Cristi Puiu maravilló primero a Cannes y luego al resto del mundo ha cumplido ya doce años. Era La muerte del señor Lazarescu (2005) una exploración del tiempo real y el cinemático, del huis clos (el relato de encierro) y los designios de la muerte en una sociedad tan indefensa y podrida como la salud de su memorable protagonista. La muerte de Ivan Illich de Tolstoi resonaba en sus márgenes. Vuelve Puiu ahora a encerrarse en otro apartamento, pero lo llena esta vez de personas y de temas, de una familia que, no en vano, se reúne para conmemorar el aniversario del patriarca familiar. La claustrofobia sigue siendo un motivo de exploración más que revelador, tanto metafórica como técnicamente, para el gran cineasta rumano.

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Las grietas y la luz

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ABBAS KIAROSTAMI
(Teherán, 1941 – París, 2016)

“Mi película ideal es una especie de crucigrama con huecos
en blanco que el público pueda completar.
Algunos describen las películas como perfectas,
sin grieta alguna, pero para mí esto significa
que la audiencia no puede meterse dentro de ellas”.

Abbas Kiarostami en conversación con Jonathan Rosenbaum
(Mutaciones del cine contemporáneo)

There’s a crack in everything,
that’s where the light gets in.

Leonard Cohen (Anthem)

 

4 de julio, 2016
21.34 horas

Mensaje de whassup: “Ha muerto Abbas Kiarostami…”

El niño aún no se ha dormido a mi lado. Contesto que, claro, escribiré algo, lo más rápido que pueda. ¿Ha muerto Kiarostami? “Joder, vaya racha”. No ha habido apenas tiempo para llorar la muerte de Michael Cimino. ¡Y ha muerto Kiarostami! El americano tenía 77 años. El iraní, 76. Demasiado jóvenes. Sus muertes son demasiado inesperadas.

 

5 de julio, 2016
00.10 am

El cine de Abbas Kiarostami (Teherán, 1940-París, 2016) es un cine de fisuras por donde pueda entrar la luz, la vida, el espectador. Dice la leyenda que tras haber visto Y la vida continúa (1992), Jean-Luc Godard no tuvo dudas: “Las películas empiezan con D. W. Griffith y terminan con Kiarostami”. Empezó, si queremos, eso que han llamado el post-cine, el que tantas glorias y también tantos fraudes nos ha legado. El cine que aniquiló por completo el relato cinematográfico, es decir, la articulación de una historia: ese momento en que, por obra y gracia del montaje, “el cine” empieza a hacer “películas”. O la llegada del tren se convierte en el robo y asalto al tren. Kiarostami aniquiló “las películas” precisamente para regresar al grado cero de la escritura, a la captura inmediata de la realidad, a las tomavistas de los Lumière, como dejó patente en la impresionante Five. Dedicated to Ozu (2003). El sumo sacerdote de innúmeros discípulos y correligionarios y video-aficionados en busca del “realismo cinematográfico”, fue él y quizá nadie más que él (aunque a su altura aún resiste Hou Hsiao-hsien), alma y poeta de una galaxia cinéfila, probablemente el director más original y más innovador de los últimos tiempos.

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Esto es una película

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TAXI TEHERÁN
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Jafar Panahi, 2015

El chófer clandestino. El vehículo es una prisión. Tanto como lo eran las casas de Esto no es una película (In film nist, 2011) y Telón cerrado (Pardé, 2013), en las que Jafar Panahi volcó imaginación y vida para entrelazarlas en la reinvención del cine, el del enclaustramiento forzado desde 2010: sentenciado por la justicia iraní a veinte años sin poder ejercer su oficio. El iraní se retrata en el encierro. Puede efectivamente estar “detenido” –encarcelado, silenciado, parado–, pero siempre estará en movimiento. He ahí la perfecta metáfora del cineasta a quien el régimen integrista de su país quiere enmudecer, el artista que encuentra en la impostura –no soy un director de cine, sino un taxista– el método de circunvalar la ley opresora y practicar la desobediencia.

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