El rigor de la belleza poética

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PATERSON
Paterson
Jim Jarmusch, 2016

Paterson, New Jersey, es la ciudad del poeta William Carlos Williams (1883-1963). A ella dedicó un poema épico, dividido en cuatro partes y publicado en cinco volúmenes (1946-1958), donde “un hombre es una ciudad y para el poeta todas las ideas están en las cosas”. Conocemos la obsesión de Jim Jarmusch por el eterno retorno y las estrucutras circulares. Su última película, Paterson, que empieza y termina con el mismo plano –el del poeta y su musa observados cenitalmente al despertar cada mañana– no es una adaptación del poema Paterson, pero en ella el hombre es también la ciudad, un poeta llamado Paterson, un chófer de autobús (un driver intepretado por Adam Driver, como si fuera un chiste interno) que encuentra sus ideas y sus versos en la apariencia de las cosas: una caja de cerillas, la lluvia, el amor… El legado de Williams, retratista mayor de América, es la inspiración latente y aludida de las imágenes de esta obra maestra, la más perfecta y hermosa de Jarmusch. “El rigor de la belleza es la búsqueda”, escribió Williams en el prefacio de su oda.

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Un mundo sin poesía

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LA PROFESORA DE PARVULARIO
Haganenet
Nadav Lapid, 2014

En un mundo sumido a las cuentas de resultados y los intereses financieros, la poesía no tiene lugar. Las almas sensibles están condenadas a una vida difícil y proscrita. Esa es la base desde la que el cineasta israelí Nadav Lapid confiesa que ha construido La profesora de parvulario, una de esas películas que conquistan la extraña virtud de penetrar en lo ignoto, de investigar espacios para el asombro. Es la convicción también desde la que parece actuar la profesora del título, Nira (Sarit Larry), cuando entiende que Yoav (Avi Shnaidman) es el nuevo Mozart de la poesía, capaz de articular versos de belleza incandescente y conducidos por un sistema de pensamiento erudito. “¿De dónde vienen las palabras?”, le preguntan. Pero Yoav tiene cinco años. No sabe, no responde, solo quiere ser un niño de cinco años. Excepto cuando exclama “¡Tengo un poema!”, pasea obsesivamente de adelante hacia atrás y recita misteriosas palabras como si repitiera lo que escucha en su cerebro. En los primeros compases del filme, una escena de este tipo, rodada sin énfasis ni dramatismo, pero haciendo confluir el travelling de la cámara con la espontánea intepretación del pequeño, te mantiene alerta. El gran cine anida misterios de esta índole.

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Abismos de crueldad

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LADY MACBETH
William Oldroyd, 2016

En la sutura de los planos yace uno de los secretos del cine. Frente a obras primerizas como Lady Macbeth podemos intuir la presencia de un cineasta dotado. El británico William Oldroyd se enfrenta a un drama de clausuras y enclaustramientos, a un relato mínimo y opresivo, con la clarividencia de un sastre que en su primer traje ya parece haber aprendido el oficio. La sutura de sus planos estáticos parece tan precisa que acaso mostrarían el drama con la misma intensidad, con sus mismos giros sorpresivos, si éste fuera mudo. Y al mismo tiempo, toda la solemnidad, el aparente encorsetamiento de la propuesta, se deja invadir por estallidos de fogosa libertad, ironía, audacia en las elipsis, distancia expositiva. Con mimbres clásicos –un marido amargado, una mujer azotada, un suegro despiadado, un joven amante y una sirvienta chismosa–, el debutante inglés arma un angustioso, tenebroso cuento de pasiones prohibidas vertebrado por la crueldad emocional.

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Terence Davies: “No hago cine para la posteridad”

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UNA HISTORIA DE PASIÓN
A Quiet Passion
Terence Davies, 2016

La pasión silenciosa, porque fue silenciada, es la de una mujer que escribió un poema al día mientras vivió apartada de la sociedad y encerrada en su casa hasta la muerte, con 56 años. Es el relato enclaustrado por fuera pero abierto a las profundidades del ser, el de la pasión de la poetisa norteamericana Emily Dickinson (1830-1886), que otro poeta, el británico Terence Davies (Liverpool, 1945), ha llevado a la pantalla con una sensibilidad que ya parece haber desaparecido de las pantallas, cercana a Max Ophüls en su impacto emocional y a Oscar Wilde en la precisión y riqueza literaria de los diálogos. Historia de una pasión, reza el título castellano de A Quiet Passion, es también la historia de una resistencia y una erosión, la de una mujer que nació fuera de su tiempo, cuando ellas no podían ser poetas; cuando el dogmatismo religioso alienaba cualquier espíritu libre y pensante como el suyo; cuando el matrimonio era el único camino aceptable para no llegar virgen a la tumba.

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Reescrituras

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Déjame entrar suma un nuevo caso de reescritura fílmica

La postura más cómoda pasa por entender que todo remake cinematográfico responde a motivos estrictamente pecuniarios. Si la industria norteamericana traslada a la pantalla una exitosa novela sueca que actualiza el mito del vampirismo infantil –Déjame entrar, de John Ajvide Lindqvist– y que ya fue llevada con gran éxito de crítica y público (europeo) a la pantalla apenas dos años atrás –Déjame entrar (Let The Right One In, 2008), del sueco Thom Anderson–, ¿qué otro motivo puede haber? ¿Por qué Matt Reeves, director de ese hito del cine digital titulado Cloverfield, opta para su reválida por filmar un relato ya filmado hace tan poco tiempo? Una de las claves consiste en determinar si esta enésima reelaboración cinematográfica trasciende el concepto canónico de la franquicia industrial –tipo The Ring (1998 y 2002), del original japonés de Hideo Nakata a su inconsistente traslación hollywoodense en manos de Gore Verbinski– o si entra en el territorio de la actualización por medio de determinada radicalidad conceptual –como sería el caso de las siamesas Funny Games (1997 y 2007), la austriaca y la norteamericana, realizadas por Michael Haneke con un rigor reproductivo en el que la duración de las escenas y la composición de los encuadres eran exactamente igual. Fue su forma de cuestionar (o todo lo contrario) la validez temporal de unas imágenes traumáticas.

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Bárbara Lennie, en las entrelíneas

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EL CONTRAPLANO. Al llegar a la cafetería solo tengo el contraplano. De escorzo, junto a la ventana, Bárbara Lennie parece habitar un lienzo de Hopper. Escribe Ramón Salazar en el cuaderno de rodaje de La enfermedad del domingo que cree haber descubierto el secreto de la actriz, el gesto que necesita para habitar y deshabitar la mirada, el cuerpo, acaso el espíritu que desee: “Mira ligeramente a su derecha y 45º grados en sentido descendente mientras se asiente a sí misma. En algún lugar por ahí abajo hay una puerta de entrada a la forma en la que selecciona, procesa y ordena meticulosamente la información sobre el alma de sus personajes”. Me falta entonces ese plano, así que, por qué no confesarlo, lo busco durante la hora de conversación en el Café Comercial de Madrid, bajo una luz dorada.

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Entre soñar y vivir

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EYES WIDE SHUT
Stanley Kubrick, 1999

“Follar”. Es la última palabra en la última película de Stanley Kubrick, estrenada el último año del segundo milenio. Kubrick tenía una mente computerizada y enciclopédica, más propia del Renacimiento que del agitado siglo XX, y fue junto a Hitchcock uno de los cineastas más racionalistas y meticulosos, tan frío y distante como el polo norte, pero se despidió súbitamente del cine (y del mundo) otorgando categoría de respuesta existencial a un exabrupto que no atiende a lógicas empíricas. “¿Qué debemos hacer?”, pregunta el doctor William Howard (Tom Cruise) cuando la sospecha del adulterio, imaginado o real, se ha cernido para siempre sobre ellos. “Follar”, responde Alice (Nicole Kidman). Respuesta sensata a una pregunta incorrecta.

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Al otro lado del espejo: la infancia

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CÉLINE Y JULIE VAN EN BARCO
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Jacques Rivette, 1974

El fallecimiento de Jacques Rivette coincide con el 150 aniversario de la publicación de Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (1866), de Lewis Carroll. Otro círculo cósmico se cierra así en la vida y obra del cineasta más carrolliano que ha dado el cine. A lo largo de toda su obra, y especialmente en Céline y Julie van en barco (1974), nos invitó a cruzar el espejo para reconocernos en el otro lado de la pantalla.

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Rivette cruzó el espejo

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JACQUES RIVETTE
(Rouen, 1918 – París, 2016)

El más secreto de los cineastas de la Nouvelle Vague, aunque también fue el primero de todos ellos que dio el salto de la crítica a la dirección en los años cincuenta, Jacques Rivette (Rouen, 1928 – París, 2016) se ha marchado a los 87 años de edad. De aquellos jóvenes turcos de la seminal Cahiers du cinéma, que inventaron el cine moderno y lo elevaron a la categoría de arte, ya solo queda Jean-Luc Godard.

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Bajo el peso de la grandilocuencia

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EL RENACIDO
The Revenant
Alejandro González Iñárritu, 2015

“A principios de 1800, un grupo de tramperos y comerciantes indios regresan con sus bienes a la civilización tratando de ganarle el tiempo al invierno. Cuando el guía […] es herido por un ataque de oso, deciden dejarle atrás para que muera. Al recuperarse, sin embargo, jura venganza sobre ellos y les persigue […].” (imdb). Esta sinopsis no es de El renacido, aunque podría serlo. Es de El hombre de una tierra salvaje (Man in the Wilderness, 1971), escrita por Jack DeWitt, dirigida por Richard C. Sarafian y protagonizada por Richard Harris.

Al igual que la novela de Michael Punke en que “parcialmente” se basa el guión de El renacido, escrito por González Iñárritu y Mark L. Smith –nominados a Mejor Guion Adaptado–, DeWitt se inspiró en la historia del verdadero Hugh Glass, el trampero que sobrevivió al ataque de un Grizzly y se convirtió en una leyenda de las montañas y del río Missouri, inspirador asimismo del largo poema La canción de Hugh Glass. El esqueleto narrativo de El renacido es la misma historia que nos contó DeWitt, guionista que escribió series B y televisión desde los años cuarenta hasta que se despidió con la trilogía de Un hombre llamado caballo (1970-1983), y todo lo que queda más allá del mito fundador pre-western y las crónicas de supervivencia y venganza responde a las habituales ambiciones de Iñárritu por entregar “una experiencia que golpee al espectador” y añadir al relato grandes ideas, destinos azarosos y significados de carácter racial, romántico y sobrenatural.

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