Entre soñar y vivir

eyes-wide-shut-2

EYES WIDE SHUT
Stanley Kubrick, 1999

“Follar”. Es la última palabra en la última película de Stanley Kubrick, estrenada el último año del segundo milenio. Kubrick tenía una mente computerizada y enciclopédica, más propia del Renacimiento que del agitado siglo XX, y fue junto a Hitchcock uno de los cineastas más racionalistas y meticulosos, tan frío y distante como el polo norte, pero se despidió súbitamente del cine (y del mundo) otorgando categoría de respuesta existencial a un exabrupto que no atiende a lógicas empíricas. “¿Qué debemos hacer?”, pregunta el doctor William Howard (Tom Cruise) cuando la sospecha del adulterio, imaginado o real, se ha cernido para siempre sobre ellos. “Follar”, responde Alice (Nicole Kidman). Respuesta sensata a una pregunta incorrecta.


21955

Casi todas las criaturas kubrickianas, en verdad, acaban perdidas en su propio laberinto por haber buscado respuestas imposibles a preguntas incorrectas. Si rascamos la superficie, todas sus películas, y no sólo 2001, colocan al individuo frente al insondable misterio que agita un cosmos al compás de ecuaciones y leyes físicas (que es lo mismo que decir un vals de Strauss). De hecho, podemos ver hoy a muchos de sus héroes –incluyendo al doctor Bill de Eyes Wide Shut– como entidades implicadas en una pesquisa cuyas respuestas superan su capacidad de comprensión, cuyo mundo se empeña en oscurecer lo que la razón ilumina. La fe de Kubrick en los hombres era en verdad muy limitada. Y lo fue hasta su última película, cuyo tema central, la deshumanización de la sociedad, no era la primera vez que visitaba.

La historia (¿o deberíamos decir prehistoria?) de Eyes Wide Shut comienza mucho antes de lo que se sospecha. En realidad, el genio neoyorquino ya le dio vueltas a la posibilidad de llevar a la pantalla el Relato soñado (Traumnovelle) de Arthur Schnitzler antes de adaptar La naranja mecánica de Anthony Burgess en 1971. Gran lector de la obra del escritor vienés, como también lo fue su admirado Max Ophüls –y ésta es su película más conscientemente ophülsiana–, para Kubrick el libro “plantea la pregunta: ‘¿Existe diferencia sustancial entre soñar con una aventura sexual y vivirla?’” (le dijo a Michel Ciment en una entrevista en 1972). Las formas decididamente oníricas del filme, con escenas concebidas como piezas individuales que se suceden tal como ocurre en los sueños -es difícil recordar de dónde venimos y qué será lo próximo que veamos- apuestan por una diferencia no sustancial. El concepto en sí mismo, real o imaginado, es concluyente. Lo es para el doctor Bill cuando su mujer Alice, bajo los efectos de la marihuana, le confiesa que podría haberlo dejado todo por darse un revolcón con un oficial. Y aunque eso ocurriera sólo en la imaginación de su esposa, la simple picadura de los celos, el extrañamiento de la fantasía, la imagen de su mujer en los brazos de otro hombre, arrojan al doctor a una odisea de sexo no consumado por la noche neoyorquina que tiene tanto del Ulises de Joyce como de la disparatada ¡Jo, qué noche! de Scorsese.

eyes-wide-shut-pic-4_758_426_81_s_c1

Kubrick presenta el sexo y los desnudos de un modo más desconcertante que erótico, más freudiano que carnal. Las máscaras y disfraces, los escenarios góticos de la orgía, la música de Ligeti, los sacrificios humanos convierten el sexo en un ritual, casi en una oscura forma de complacencia. El sexo sólo es libre cuando es anónimo, concluimos, y Bill se lo toma como una venganza, una reacción celosa que, como en las peores pesadillas, se vuelve en su contra. Quizá nadie esperara de Kubrick, tras doce años de silencio, un thriller psicológico tan literario como Eyes Wide Shut, muy fiel al texto original si obviamos la trama en torno al complot. Es su respuesta finisecular a una sociedad que idolatra y banaliza el sexo con igual desmesura, su modo de explorar el enfrentamiento de un matrimonio (interpretado por Tom Cruise y Nicole Kidman cuando estaban casados) con su propia sexualidad y el omnipresente miedo al adulterio, a la muerte de las pasiones. En los universos azules y secretos de Kubrick, el sexo se revela en su obra póstuma como la imposible verificación de la verdad amorosa. ¿Amar? No, follar.

Eyes-Wide-Shut-1

–Publicado originalmente en El Cultural, en diciembre de 2004.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s