El juego de las apariencias

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BERNIE
Richard Linklater, 2011

Desde la primera escena, en la que Jack Black, en uno de los mejores papeles de su carrera –y que desde luego no había interpretado antes–, sube al escenario frente a un grupo de estudiantes de ciencias para mostrar cómo se prepara el cuerpo de un finado para su funeral, Bernie deja claro que es una película sobre las apariencias y el arte de la interpretación. Aunque seamos cadáver, la imagen que proyectamos en público es la que nos define socialmente. La autopsia que practica Bernie al principio del film es como el anticipo de la autopsia que Richard Linklater le va a practicar a la concepción del realismo cinematográfico con este trabajo. Dirigida en 2011, llega a nuestras pantallas cuando desde entonces el director texano ya ha realizado una miniserie (Up to Speed) y otros dos largometrajes (Antes del anochecer y Boyhood) que vienen a certificar al menos dos cosas: que Linklater nunca se repite aunque casi siempre busque lo mismo, y que es uno de los cineastas con más talento y mejores ideas del paisaje norteamericano.

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Así como la trilogía del amor de Jesse y Céline durante dos décadas era tanto un documento sobre el envejecimiento de los actores como un relato en continuidad sobre sus personajes, Bernie exhibe un entendimiento intuitivo sobre la intrínseca permeabilidad entre la ficción y los hechos. A través de la reconstrucción de un extravagante caso de homicidio, inspirado en un artículo de Skip Hollandsworth publicado en el Texas Monthly, Linklater glosa los acontecimientos que pone en escena con la polifonía de rostros y voces de los habitantes de Carthage, la pequeña localidad texana en la que tuvo lugar la tragedia protagonizada por el amado Bernie (Jack Black) y la odiada Mrs. Nugent (Shirley MacLaine). Estamos, lo hemos dicho, frente a una película sobre las apariencias, que precisamente tiene la virtud de ofrecerse como un verdadero juego de apariencias.

La escena central es determinante a este respecto. Divide la película en dos partes claramente diferenciables, el antes y el después, y la interpretación que ofrece Jack Black nos hace pensar antes en Philip Seymour Hoffman que en el cómico de Escuela de Rock, la otra película que hizo con Linklater. La reacción de Bernie / Black es capaz de dar la respuesta al enigma que recorre el filme, y que el crisol de testimonios (la mayoría de los cuales conocieron al auténtico Bernie) trata de dar respuesta, convirtiendo el filme antes en una investigación sobre el asesino que sobre el asesinato. ¿Quién es Bernie Tiede? Es ésta, insistimos, una película sobre el arte de la interpretación, de ahí que la última imagen que vemos es precisamente la de Black hablando con el hombre al que encarna, el verdadero Bernie Tiede. A partir del retrato individual, el filme se aproxima al retrato colectivo de una sociedad, una zona geográfica muy específica de Texas, que provoca no solo un genuino sentimiento de estupefacción, sino una auténtica emoción.

¿Qué es el realismo cinematográfico? El gran autor de Movida del 76, Scanner Darkly y Boyhood vuelve a plantear esta cuestión en el centro de su trabajo. Pero los métodos y por tanto la respuesta es bien distinta a los que hallamos en sus otros filmes. Nos preguntamos si estamos, realmente, frente a un genio.

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–Publicado originalmente en Sensacine, en agosto de 2015.

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