El regreso de Miyazaki

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NAUSICAÄ DEL VALLE DEL VIENTO
Kaze no tani no Naushika
Hayao Miyazaki, 1984

No podemos dejar de señalar que la recuperación para las pantallas españolas de Nausicäa del valle del viento (1984) coincida en salas con películas recientes como Donde viven los monstruos (Spikez Jonze), Fantástico Sr. Fox (Wes Anderson), Alicia en el País de las Maravillas (Tim Burton) o Avatar (James Cameron). No podemos dejar de señalarlo porque esta primeriza obra del universo animado de Hayao Miyazaki, realizada hace 25 años, también nos puede guiar estos días para vislumbrar algunas claves del manifiesto rechazo por la imagen realista que detentan los últimos trabajos de varios cineastas de peso dentro de la industria norteamericana. Más allá de que Miyazaki ya hubiera emprendido con El viaje de Chihiro (2001) un viaje al otro lado del espejo probablemente tan mitológico como el de la Alicia de Lewis Carroll, o que la fábula ecológica Avatar, con su propio animalario, pueda revelarse como un sucedáneo new-age del aliento moral por la preservación de las especies que recorre Nausicäa del valle…, lo cierto es que Tim Burton y James Cameron siempre han competido a su manera en la liga de la animación, de los universos fantásticos y las faunas mitológicas. Más sorprendente resulta este giro en el caso de Spike Jonze y Wes Anderson, autores que han trabajado tan pegados a la piel humana y a la interpelación de la psicología adulta que sus extraordinarias incursiones en el universo infantil no dejan de ofrecerse como síntoma de algún deseo o transformación. En la cultura del simulacro, en un mundo difícil de apresar, las imágenes que nos rodean son más huidizas que nunca.

Miyazaki pareció comprender desde sus comienzos televisivos en los años setenta que la creación de mundos artificiales corrigen la hostilidad del presente mediante la magia de la inocencia y de la fantasía redentora. Todo ello está en Nausicäa del valle…, un manga de siete capítulos que a raíz de su éxito fue llevado a la gran pantalla, y que representa el ideario estético y narrativo del mago Miyazaki. El film supuso no sólo el inició de la leyenda para el dibujante y cineasta nipón, espíritu vivo del anime y autoridad indiscutible de la animación contemporánea, sino del mítico Studio Ghibli, que desde entonces sigue siendo la factoría de sus creaciones. Para continuar con la resonante vigencia que conserva el segundo largometraje de Miyazaki no es difícil asimismo trazar resonantes paralelismos entre el entorno posapocalíptico de Nausicäa del valle… con los paisajes de ceniza de La carretera (John Hillcoat, 2009), las negras premoniciones de Soy leyenda (Francis Lawrence, 2007) o la venganza medioambiental de El incidente (M. Night Shyamalan, 2008), así como de prácticamente toda fábula humanista que ha retratado con enfebrecida elocuencia el fin de la especie humana en esta última década. Y es que Miyazaki ya adelantó los espacios vacíos y el espíritu neo-apocalíptico del cine contemporáneo en un relato que comienza en un hipotético futuro donde el hombre ha destruido el planeta y sobrevive en pequeñas comunidades protegidas por el viento de los gases letales que emite una jungla tóxica.

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Con su trama futurista y su impronta formal tan clásica como visionaria, Nausicäa del valle… es uno de esos satélites que observan desde las alturas el resto de la producción del cine de imagen no real. En un tiempo en el que la técnica de la animación se desarrolla a golpes de pixels y saltos tridimensionales, el anime tradicional de Miyazaki continúa planteando al espectador todo un desafío de ideas y emociones genuinas. En Japón, se sitúa desde hace veinticinco años en la cumbre de las mejores producciones de anime (ocupó durante diez años el primer puesto de la encuesta anual de la revista Animage), y su sólida aventura de ciencia ficción, su visión ética y estética del mundo, no ha cesado de influir durante todo este tiempo. El film se ofrece también como un transparente esquema de la cosmogonía Miyazaki, un trabajo seminal donde ya se distingue claramente la fauna humana y antropomórfica que iba a alumbrar el japonés a lo largo de su obra. Heroínas de última generación como Nausicäa, Mononoke (La princesa Mononoke, 2000), Chihiro (El viaje de Chihiro), Sophie (El castillo ambulante, 2004) o Sosuke (Ponyo en el acantilado, 2009), que desafían la lógica del mundo en sus relaciones con criaturas extraordinarias surgidas de lo ordinario, emergen en estos tiempos de perplejidad como firmes asideros para la nueva moral del mundo, necesitado de imaginación. Afortunadamente, su último largometraje, todavía reciente en nuestras salas, y ahora el inesperado regreso del legendario Miyazaki, retrasan algo más la anunciada retirada del alquimista nipón.

–Publicado originalmente en El Cultural, en abril de 2010

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