Las vacaciones de monsieur Moore

Where-to-Invade-Next 1

¿QUÉ INVADIMOS AHORA?
What to Invade Next?
Michael Moore, 2016

Eran los años de plomo, si podemos llamarlos así, de la presidencia de George W. Bush en Estados Unidos. En el Festival de Cannes se estrenó internacionalmente la película Fahrenheit 9/11 (2004), dirigida por Michael Moore, y Quentin Tarantino presidía el Jurado del certamen, en el que nada menos que cuatro de los nueve miembros eran norteamericanos. No era la primera vez en la historia del festival galo, pero seguramente nunca fue tan evidente, para su desprestigio, que una Palma de Oro se concedía con mayor voluntad política que apreciación cinematográfica. Tarantino, en todo caso, le susurró a Moore en su oído lo contrario cuando le entregó el cotizado galardón, que de algún modo le hermanaba con los grandes maestros del séptimo arte, desde Welles hasta Coppola pasando por Rossellini, De Sica, Fellini, Bergman o Buñuel: “Queremos que sepas que no has ganado este título por el mensaje político de la película. Premiamos el arte de hacer cine”.

img_20_m

Moore no fue el único en creérselo. Lo atestiguan las taquillas y también las críticas, como de hecho ya había ocurrido con Bowling for Columbine (2002), su divertida editorial sobre la cultura de armas en Estados Unidos. Fahrenheit 9/11 se convirtió en un fenómeno global que supuso la inmediata popularización del discurso satírico y desenfadado como formato documental de activismo político. Exploraba con irónica perplejidad las causas y consecuencias de los atentados del 11S, poniendo el foco sobre la ineptitud del presidente –la imagen de Bush en un colegio infantil al recibir la noticia del impacto de los aviones contra las Torres Gemelas ha quedado para la posteridad–, las relaciones entre las acaudaladas familias Bush y Bin Laden y, sobre todo, las invasiones de Afganistán e Irak. Su último largometraje, Where to Invade Next (2015), arranca diez años después precisamente señalando la inutilidad de esas incursiones frustradas en busca de petróleo.

Frente al balance deficitario de la “guerra contra el terror”, se pregunta Moore si en lugar de sembrar odios y destrucción en su mesianismo democrático, no haría mejor Estados Unidos en importar aquellas políticas de bienestar social que abanderan democracias más antiguas. Bandera en ristre, y tras una supuesta reunión con los altos mandos militares de su país para pedirles sosiego, el orondo documentalista se embarca en su “investigación” sociopolítica por el viejo continente. Con el tono festivo de quien se toma unas vacaciones y el aplomo de un comandante en jefe de las causas sociales, Moore envía postales desde Italia, Francia, Alemania, Portugal, Noruega, Finlandia y hasta Túnez con las entrevistas de diversos ciudadanos explicando los beneficios de las vacaciones pagadas, el menú escolar sano y gratuito, la educación pública universitaria, las políticas de rehabilitación social, el servicio sanitario universal o el consumo de drogas no delictivo. Para Moore, maestro de la sorpresa fingida frente a cámara, Europa es poco menos que el paraíso de la civilización. “Los italianos siempre parece que acaban de tener sexo”, dice. Se refiere a la Italia que asocia, según reza en su postal, a Mario Bros y Don Corleone.

michael-moore-in-trumpland-620x360.jpg

Así que la estrategia pasa, una vez más, por hacer la película exclusivamente para sus conciudadanos. O más bien para el estadounidense medio, de educación básica y, preferiblemente, adicto a los reality shows y el periodismo amarillista. Su agenda probablemente contemple el adoctrinamiento de la conciencia social y el pensamiento de izquierdas (al menos, de la izquierda norteamericana), pero la banalidad de su sociología cómica puede incluso expulsar a los espectadores que están en su misma cuerda ideológica. El propio Moore lo advierte en el film –“Mi misión pasa por recoger las flores, no las malas hierbas”–, pero aún así el edénico jardín que pinta de una Europa que hoy levanta muros y empobrece a sus ciudadanos para proteger a las élites, y cuyas políticas sociales están en franca regresión, resulta no solo optimista y cándida, sino directamente camp. En todo caso, hila su discurso intelectualmente pop sin bajar la guardia del dinamismo narrativo, en perpetuo movimiento, construyendo un pensamiento que integra con armonía y humor el tabú de los genocidios sobre los que se construye su nación –de los nativos y de la raza negra– cuando lo compara con el Holocausto nazi y ensalza el modo en que Alemania ha negociado con sus traumas históricos. Es uno de esos momentos en los que el cineasta no solo traslada una idea valiosa, sino la tristeza que le produce en esos momentos ser norteamericano.

Michael Moore es un cineasta del yo que fluctúa entre el personaje y la persona, entre ser popular sin ser populista. Ahí puede yacer gran parte de su éxito. Su documentalismo se sustenta en el carácter intervencionista de su personalidad, que no consiste solo en alterar la realidad que registra, sino en fustigar sus estallidos. En Where to Invade Next, sin embargo, no recurre a la estrategia de la provocación como hizo en Bowling for Columbine ridiculizando a Charlton Heston o en Capitalismo, una historia de amor (2009) sembrando molestias en Wall Street, sino que practica el humor que funciona por contraste entre la percepción social norteamericana y europea. En el empleo de imágenes de archivo también busca esas colisiones, como tratar de hacer convivir el vídeoclip corporativo de una cárcel de Noruega en el que los trabajadores interpretan We Are the World con brutales imágenes de violencia policial en su país. No es una cuestión de gusto (y el suyo es muy discutible), sino de impacto dramático.

Where-to-invade-next-4

Si es cierto el edicto de William Carlos Williams según el cual “los productos puros de América siempre enloquecen porque son puramente americanos”, la demencia de Moore bien puede descansar en su inquebrantable optimismo y su fe en las transformaciones sociales. En este sentido, Where to Invade Next traslada el sentimiento de una síntesis filmográfica, como si fuera la suma temática y el destilado formal de los principios ideológicos expuestos en sus anteriores trabajos, especialmente en Sicko (2007) y Capitalismo: una historia de amor. El cineasta de Flint, Michigan, que convirtió el salvaje proceso de desindustralización de su ciudad natal por parte de General Motors en el centro de su debut con Roger & Me (1989), nos traslada en el tramo final de su nuevo trabajo hasta Berlín, donde nos cuenta que él estuvo allí el día que cayó el muro, y que solo hizo falta un martillo y un cincel para acabar con el viejo mundo. Parece genuinamente convencido de que Estados Unidos puede darle un vuelco a su propia naturaleza neoliberal. Cree en una América socialista.

“El miedo a que se le considere a uno injusto con su tema es una fuerte limitación para el humor”, explica Bill Nichols en La representación de la realidad, uno de los ensayos canónicos sobre la naturaleza y modalidades del cine documental. Las estrategias satíricas han sido tradicionalmente apartadas de la ortodoxia documental en predominio del discurso serio y solemne, pero como dijo Rabelais, “lo propio del hombre es reír”, y Moore aplica la fórmula con los instintos y los reflejos del humorista más afilado. La aspiración del cineasta es que, con la estrategia de la risa, nos acabemos tomando muy en serio el mensaje político de sus películas, pero lo cierto es que con cada una de ellas nos lo pone más difícil. Eso sí, a estas alturas, conociendo el terreno que pisamos, lo mejor es tomárselo con humor. Si en algo podemos convenir, incluso el propio señor Moore, es que todas sus películas son comedias.

web-michael

– Publicado originalmente en Ahora Semanal, en mayo de 2016.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s