Abel Ferrara: “Sólo he encontrado a Pasolini a través de mi experiencia”

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PASOLINI
Pasolini
Abel Ferrara, 2015

La entrevista pudo haber terminado bruscamente sin que apenas comenzara. Es legendaria la pulsión visceral de Abel Ferrara (Nueva York, 1951), casi tan legendaria como algunas de sus películas, pobladas de intuiciones y arrebatos. Es capaz de levantarse de la silla a la primera pregunta o de responder con una lluvia de insultos si la pregunta no es de su agrado. Este peridoista ha escuchado historias a las que cuesta dar crédito: no es solo una cuestión de formas o de educación, es puro delirio. El caso es que esta entrevista, mantenida por Skype, atraviesa su punto crítico en el primer minuto.

–Hola tío… ¿Cuándo viste la película?

–Hace un par de días, en la versión doblada al italiano.

–¿Qué coño? ¿En serio?

–Sí, es la copia que me ha facilitado la distribuidora. De hecho, me pareció muy extraño, porque creo que la versión original salta del inglés al italiano, y tratándose de Pasolini y su exactitud lingüísitica…

–¡Jodidos…! ¿Por qué han hecho eso? ¿Es que son estúpidos? ¡Tendrías que haber visto la original!

–…

–Entonces, propongo que mantengamos esta conversación más adelante, cuando la hayas visto como hay que verla…

Cabellera canosa alborotada, mirada perdida y voz de lija, Ferrara es como una estrella de rock. Un tipo extremadamente huidizo. Es casi milagroso que haya contestado a la llamada, así que sería un error dejarle escapar a las primeras de cambio. Bajo la promesa de que veré la versión original antes de escribir sobre Pasolini, finalmente accede a que continuemos. Pero antes ocurre algo extraño. “Solo espera un minuto, tío”, dice. Entonces, al otro lado de la pantalla, Ferrara comienza a escribir como un maníaco, sin pausas, con un cigarro colgando de los labios. Resulta extraño compartir este paréntisis de silencio, apenas roto por los golpes al teclado: él está en su casa de Roma, el periodista en un hotel de Pamplona, y aún así se masca en el aire (el silencio) algo parecido a la intimidad. Nos preguntamos qué narices estará escribiendo que es tan urgente: ¿un enfurecido mail a la distribuidora? Levanta un par de veces la vista hacia la pantalla y repite: “Solo un minuto”. El tiempo se eterniza. Finalmente, se reclina en la silla: “Ok. Ya está. Dispara”.

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–Sería interesante que comentara qué aspectos del pensamiento pasoliniano cree que siguen hoy especialmente vigentes.

–Sin duda los problemas derivados del consumismo. El mundo material es una religión, hay una obsesión enfermiza por la propiedad privada. Su pensamiento comunista despreciaba eso. Creo que en su mundo, completamente fuera de control después de la II Guerra Mundial, ya vio venir todo lo que estamos viviendo ahora. El consumismo es el peor mal de todos, más allá de fascismos y coyunturas históricas. Estoy seguro de que Estados Unidos no le tenía mucho aprecio a Pasolini y a sus ideas, pero también creo que mi pais no es el único responsable de un mundo que desea cosas que básicamente no necesita. Las personas están dispuestas a matar por un reloj, un coche… Es terrible.

–¿Y qué hace que sus películas, cuarenta años después de su muerte, sean hoy tan relevantes?

–Nunca dejaron de serlo. Me gusta de las películas de Pasolini su pasión y su libertad. Esos son sus motores y por eso son eternas. Ves lo que rodó en 1965, hace medio siglo, y parece que se hizo ayer, es de una modernidad extraordinaria. ¿Es Dante relevante? ¿Es Baudelaire relevante? ¿Es Goya relevante? Claro, la gente no lo consume como si fuera el último disco de Miley Cyrus, pero siempre va a estar ahí.

–¿Recuerda cuándo descubrió su cine?

–Fue una experiencia muy poderosa que me ha acompañado hasta ahora. Yo tenía 19 años cuando vi El Decameron. La he vuelto a ver 40 años después y sigue teniendo el mismo impacto, solo que esta vez he entendido por qué. Creo que Pasolini descubría qué película estaba haciendo mientras la hacía. Está caminando sobre el alambre sin una red debajo, pero no le importa.

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Desde su fragmentación caleidoscópica y su pulso onírico y subjetivo, Pasolini también es una película que camina sobre el alambre. El filme coexiste en un limbo, en un punto intermedio que probablemente expulse a los espectadores legos en Pasolini y deje con ganas de mayor profundidad a los conocedores. Si bien su belleza y voluntad por engrandecer la memoria del autor de Teorema es irrefutable. Crónica del último día en la vida del genio italiano, brutalmente asesinado el 2 de noviembre de 1975, el filme navega entre paisajes íntimos, tiempos muertos, varios flashbacks, su popular y profética última entrevista para la que sugirió el título (“Todos estamos en peligro”), así como representaciones de las obras en las que estaba trabajando en ese momento: la novela Petrolio y la puesta en escena de Porno – Teo – Kolossal, película que obviamente nunca llegó a hacer pero que, en un perverso juego de espejos, Ferrara se permite recrear a la manera pasoliniana: una multitudinaria orgía de gays y lesbianas.

La imagen del cineasta-trapecista es, en todo caso, hermosa y pertinente. No solo para hablar de Pasolini sino también de Ferrara, del hombre y del artista. El autor nacido en el Bronx comparte un espíritu libertario y una actividad prolífica con el intelectual nacido en Bolonia. Con la subversión como lema, Pasolini hizo 24 películas en 14 años, mientras Ferrara, desde que cogió una cámara en su adolescencia y rodó cine porno con seudónimo –9 Lives of a Wet Pussy (1976)–, ha transgredido todo tipo de géneros y formatos a lo largo de cuatro décadas: la serie B anclada en el gore –Angel de venganza (1981)–, capítulos para series de televisión –Corrupción en Miami (1985)–, películas de culto –El rey de nueva York (1990), The Adiction (1993), Go Go Tales (2007)– o documentales –Chelsea on the Rocks (2008)–, si bien la inmortalidad de su obra siempre se asocia a dos filmes: Teniente corrupto (1992) y El funeral (1996).

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–¿Ha cambiado en algo su noción de Pasolini durante el proceso?

–Ha hecho que mi admiración sea más profunda y más sólida. Su compasión, su amor por la vida y por la creación, por entrar en contacto con la gente…

–En el filme Head and Hands: My Black Angel, de Aida Ruilova, usted habla extensamente sobre la película cuando estaba trabajando en el guion. Y dice lo siguiente: “El asesinato fue básicamente la mejor película de Pasolini: él escogió el reparto, concibió la puesta en escena y la dirigió. Se supone que es algo que debía ocurrir”…

–Suena indignante, pero en términos cinematográficos es un concepto muy interesante, y es lo que más quebraderos de cabeza me ha dado para encontrar la estructura del filme. Su terrible asesinato es necesariamente la escena hacia la que avanza la película. Cuando le golpearon con la barra él gritaba “¡Mamá, me están matando!”. Fue algo operístico y monstruoso. En fin, vivía su vida al límite. Hacía cruising nocturno en la parte más perra de la ciudad, ¿qué esperaba? Estoy seguro de que pensaba que era indestructible… pero siempre hay alguien más duro que tú. Eso no lo tuvo en cuenta.

–Pero el último plano del film, donde muestra su agenda, viene en gran medida a echar por tierra la teoría de que había planeado su muerte…

–Lo cierto es que el misterio siempre permanecerá. Lo que muestro es de hecho su verdadera agenda. Hemos hecho la película como un tributo a Pasolini, hemos rodado en los espacios que habitó, con las ropas que vistió, con el coche que condujo… Estábamos buscando su fantasma. Y a través de su agenda comprobamos que tenía un montón de compromisos en los días siguientes. Desde luego no tiene el aspecto de ser la agenda de un hombre que tenía pensado morir. ¿Pero quién sabe? Este tío estaba en la plenitud de su vida, como García Lorca cuando lo asesinaron. Acababa de terminar una gran película, tenía dos grandes guiones, estaba escribiendo una hermosa novela… Nada indica que quisiera desaparecer. Esa es la verdadera tragedia de la película.

"Head and Hands: My Black Angel" (2013), Aida Ruilova

“Head and Hands: My Black Angel” (2013), Aida Ruilova

Es curioso cómo muchos de sus filmes funcionan contra el tiempo, avanzan hacia un final anticipado: Nuestra Navidad, Teniente corrupto, 4.44, ahora Pasolini… ¿Por qué le interesa esta estructura?

–Y Go Go Tales transcurre en tiempo real. Sí, la verdad es que los desenlaces a lo Alfred Hithcock no es lo mío. En verdad 4:44 pudo haber terminado de diversos modos, y Teniente corrupto… Pero entiendo lo que quiere decir. Desde luego Welcome to New York y Pasolini sí tenían un final anticipado. Me gusta eso de que mis películas sean como una carrera a contrarreloj, me gusta negociar con el tiempo. Todos vamos a morir, ya sabe.

–Al no ser italiano de nacimiento, ¿ha recibido muchas críticas en Italia por haber hecho una película sobre uno de sus iconos culturales?

–Sí, claro… ¿Pero cómo puedes poseer a un hombre así? Es un creador universal. Nos pertenece a todos. Rodamos en Italia con un equipo técnico italiano. Y el equipo creativo éramos tres tipos italianos (guionista, editor y fotógrafo), Willem [Dafoe] y yo… La tradición en la que él trabajó es la tradición en la que nosotros trabajamos. Lo cierto es que no tenía que buscar conscientemente un “estilo Pasolini” para la película, porque de algún modo iba a contagiarse de forma orgánica. El hecho de que yo no haya nacido en Italia no iba a detenerme. Quiero decir, todos hemos leído a Dostoievsky aunque no seamos rusos, ¿no?

–¿Cuánto hay de autorretrato en su retrato de Pasolini?

–Solo he podido encontrarle a través de mi experiencia. Para mí, el proceso de personalizar las películas es absolutamente necesario. Tengo que encontrar qué piensa Strauss-Kahn, cuáles son sus deseos, para hacer Welcome to New York. Y con Pasolini también. Cuando vives un estilo de vida como el que vivieron ellos dos, o acabas muerto o en la cárcel. Pasolini lo dijo en una entrevista, él sabía que estaba en peligro y que acabaría en el infierno. Yo también lo sé. 

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En una de sus cartas, Pasolini dice que el arte narrativo ya murió. ¿También el cine narrativo?

–Creo que debe seguir reinventándose y que hay que continuar redefiniendo esos términos…¿Qué es el cine narrativo? Es más, ¿qué demonios es el cine? ¿Cómo se cuenta una historia? No es un asunto fácil de abordar, y al final obligados a encontrar nuestro propio camino como cineastas. Pero, en términos generales, creo que sí, que el cine estrictamente narrativo carece de sentido.

–El cine ha pasado por diversas transformaciones en los últimos años. ¿Cree que el cine siglo XXI es muy distinto del XX?

–En esencia, nada ha cambiado desde que éramos monos que pintaban en las cavernas. El proceso es el mismo: expresarte con tu corazón, con el alma, y dirigirte a otros seres humanos. Y además tienes que hacerlo por las razones correctas. El hardware ha cambiado, claro, sea con 35 mm o sea con un iPhone, o si la película se crea al completo digitalmente, o si vamos a acabar metiéndonos el cine por vena algún día… ¿qué mas da? Esa no es la verdadera cuestión. Lo verdadero y lo importante es tu experiencia, tus sentimientos, tus emociones, la compasión por otras personas, que quieres compartir algo con ellos. Por el bien de la humanidad. Por eso sigo haciendo películas

–Sus últimas películas son producciones europeas. ¿Tiene pensado seguir trabajando en Europa?

–No lo sé, mi novia y yo estamos a punto de tener un bebé, vivo en Roma, me gusta la energía que hay aquí, el respeto al arte, la vibración europea… Lo cierto es que es igual de jodido encontrar financiación en cualquier parte, pero aquí en Europa al menos tengo la posibilidad de buscarla en varios países. No es fácil para nadie invertir dinero en cine, y especialmente quizá en mis películas… Pero esa es la cruz con la que debo cargar hasta la cima de la montaña… Bueno, tío, realmente tengo que irme. Ha sido un placer.

Horas después de haber colgado, Ferrara escribe un mensaje desde su cuenta de Skype. En minúsculas y sin comas, dice así: “solo para que conste nos encanta el doblaje italiano en el que hemos trabajado pero realmente tendrían que haberte mostrado la original por favor diles eso de mi parte”.

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– Publicado originalmente en El Cultural, en marzo de 2015.

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