Noah Baumbach: “Hay que estar abierto al caos”

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FRANCES HA
Frances Ha
Noah Baumbach, 2014

En la imposibilidad de sentirse joven, a pesar de tener 27 años, se cifran las decepciones y fracasos de Frances Halliday, uno de los personajes más inolvidables del último cine americano. En la piel de la penúltima reina del cine indie, Greta Gerwig, es el centro absoluto de un filme casi milagroso que lleva por título su nombre incompleto. Bajo las imágenes en blanco y negro de Frances Ha, dirigida con maestría por Noah Baumbach (Brooklyn, 1969), late no solo uno de los grandes actos de amor que un autor americano haya dedicado nunca a Nueva York, sino también al espíritu de la Nouvelle Vague y, sobre todo, al encantamiento de una actriz. “Es mi poema de amor a Greta”, reconoce Baumbach por teléfono. No en vano, la película la escriben ambos, de ahí que la sátira social que ha caracterizado hasta ahora el cine del autor de Una historia de Brooklyn (2005) y Margot y la boda (2007), se torna más suave y sutil, aunque no desparecen el humor ni la sabiduría. Frances Ha, como su protagonista, es una película joven con alma vieja. O, si lo prefieren, una película vieja con alma joven.

–Greta dice casi al final del filme que le gustan las cosas que parecen errores. Me pregunto si hicieron la película bajo ese espíritu…

Creo que hay algún eco válido en esa frase, pero realmente no lo pusimos ahí para comentar nuestra aproximación a la historia, sino porque encajaba muy bien con la personalidad de Frances. Si algo quise hacer en esta película fue depurarla al máximo, dotarle de elegancia, y de hecho repetimos muchas tomas en rodaje hasta alcanzar aquello que buscaba.

–¿Encontró el tono de la película durante el proceso o ya tenía una noción clara de lo que buscaba de antemano?

–Lo tenía muy claro desde el guion. Cuando el guion fue tomando forma ya sentí que debía ser una película en blanco y negro, que debía tener cierto formalismo, que diera la sensación de estar estructurada pero no mucho, que la imagen fuera bella, con algo de clasicismo incluso. No quería algo sucio, sino algo hermoso.

–Por un lado, Frances Ha tiene un aspecto muy realista, pero por el otro también es muy artificial, como si rodara un musical.

Sí, es cierto. Creo que como el personaje es una bailarina y también por la importancia del score musical en la película, definitivamente hay una coreografía en la puesta en escena, una forma de concebir y rodar las escenas que presta mucha atención a los gestos y movimientos de los actores. Pensé en comedias musicales americanas de los años 30 y 40, sobre todo por el dinamsimo de los personajes en la pantalla.

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–Algo extraordinario del filme es que su melancolía no es respecto al pasado, sino respecto al presente. ¿Como dice Frances, con 27 años uno ya es viejo?

Para mí ya no más. Pero sí me sentí como Frances cuando tenía su edad, sentí que ya había perdido varias oportunidades y que el tiempo se escapaba a gran velocidad. En retrospectiva, miro a esa edad y me doy cuenta de lo mucho que tenía por delante. Sentí empatía por Greta y su personaje porque podía entender su perspectiva.

–Cuando usted tenía 27 años ya había dirigido dos películas…

Es cierto que pude hacer dos películas muy joven. Pero a esa edad tuve mi propia crisis, porque sabía que aún no había hecho la película que era capaz de hacer. Fue el inicio de un periodo difícil mí, me llevó otros siete años hacer otra película. Pero en retrospectiva también fue una época crucial en mi vida. Me transformé y me convertí en lo que soy.

–¿Podría comentar el aspecto terapéutico que puede tener el cine para usted?

–No lo encuentro necesariamente terapéutico, porque trato de mantener cierta inconsciencia sobre las decisiones creativas que tomo, trato de no vincularlas a mi vida privada y dejar que hable la intuición. Pero, ciertamente, el hecho de escribir, dirigir y montar mis películas, hace que necesariamente éstas sean muy personales. Siempre son manifestaciones de los temas y reflexiones en los que estoy inmerso, así que supongo que hay algo de terapia en ello, pero creo que gran parte de dirigir consiste en mantener el control total de lo que estás haciendo al tiempo que das salida a muchas cosas que forman parte de tu subconsciente y que no puedes controlar. Hay que estar abierto al caos.

–Pero sus películas son bastante autobiográficas. En cierto sentido son como un diario de su vida, ¿no es así?

–Hay datos auobiográficos, es cierto, como la separeción de mis padres en Una historia de Brooklyn y cómo me afectó de niño. Las películas que he hecho a lo largo del tiempo me sirven como fotografías de la persona que yo era entonces. Pienso en Margot y la boda, y todo lo que estaba dentro de esa película podía definirme en ese preciso momento, cuando tenía unos 36 años. Las películas te ayudan a envejecer y a tener mejor memoria.

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–¿Qué parte del espíritu de la Nouvelle Vague le interesó evocar en Frances Ha?

–Sobre todo el de Truffaut, el de Jules et Jim, que vi en la Universidad. Lo que más me sorprendió de la película era cómo conjugaba la sensación de que era un film muy elaborado, y al mismo tiempo tenía un entusiasmo y una energía brutales. La mayoría de las pelícuals de Truffuat son así, melancólicas, desesperanzadas, tristes, pero también alegres y cómicas. Hay un sentimiento muy especial. Esa película fue como una droga para mí… Por supuesto todo tiene que ver con cómo hacían las películas los autores de la Nouvelle Vague, con equipos pequeños y una gran libertad… Ese espíritu es el que más he querido reflejar en Frances Ha, inlcuyendo sus métodos de rodaje.

–Supongo que comparte ese gusto con Greta Gerwig… ¿Cómo ha sido su implicacion en el trabajo?

–Sí, ya pude comprobar que compartíamos gustos cuando trabajos en Greenberg. En términos de guion, lo hermoso es que fue surgiendo de forma simultánea. Yo primero le comenté que quería hacer algo en Nueva York, en blanco y negro, algo sobre la juventud contemporánea, con un equipo reducido. Tenía algunas ideas generales sobre el tono y el concepto algo antropológico de la película, y entonces ella aportó ideas muy divertidas y muy inspiradoras… y a partir de entonces escribimos el guion de forma muy orgánica. Fue muy natural hacerlo. Creo que nuestra sensibilidad cómica es muy similar, nos gustan las mismas películas y autores, tenemos una idea del cine análoga. Pero también debo decir que Greta me ha descubierto muchas cosas…

–¿Por ejemplo?

–Bueno, yo me perdí todo el hip-hop de los años noventa, que fue un movimiento muy importante, y ella me ha “enchufado” a esa música. He descubierto todo un mundo que desconocía y que me parece fascinante.

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–¿Son en verdad Frances y Greta muy similares?

–Frances quizá es una versión cómica de Greta, aunque tampoco es que sea extremadamente cómica. Son muy distintas pero obviamente también son muy similares. Es muy difícil de describir. Creo que parte del placer de crear a Frances consistía en imaginar cómo Greta lo interpretaría, lo divertida y emocional que sería, no tanto porque iba a ser como ella, sino porque como actriz le ofrecía posibilidades muy interesantes de expandir su propia personalidad y llevarla a lugares encantadores.

–En cierto modo, la película habla de los compromisos que uno adquiere consigo mismo. ¿Qué temas se plantearon abordar en el filme?

–Lo cierto es que no había necesariamente una serie de temas que, de forma programática, queríamos reflejar en la película. Lo que comenta del compromiso con uno mismo es ciertamente así, en gran medida la película va de eso, pero creo que al mismo tiempo es un tema completamente subsidiario de la historia que contamos, de la edad del personaje y de su condición existencial. Nos preocupamos de definir bien al personaje, y a partir de ahí surgirían diversos temas que nos interesan. Nos dimos cuenta por ejemplo de que no había una historia de amor convencional, sino una historia de amor entre mujeres, entre amigas. No nos sentamos a escribir una historia así de forma intencionada, pero sentimos que su relación con su amiga era la relación más poderosa en su vida en ese momento. A esa edad, los amigos suelen ser los más importante.

–La definición que Frances da del amor en un hermoso discurso es uno de los momentos mágicos de la película. ¿Quién escribió esa escena?

Creo que Greta escribió esa parte basada en… En algún punto del proceso de escritura dije que debíamos compensar a Frances con algo, que debíamos permitir que al menos uno de sus sueños se cumpliera. Como ha señalado antes, gran parte de la película trata sobre el compromiso personal, la autoafirmación, y sobre cómo podemos aceptar la idea de que no somos lo que queremos ser. Y en este sentido, queríamos concederle algo de magia a la vida de Greta, porque la palabra magia aparece varias veces en la película, y creo que sobre todo procede de su relación con su amiga Sophie, de la clase de amor que comparten, que no es homosexual, pero tampoco es una amistad común… es otro cosa que fue adquiriendo mucha importancia en la historia.

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–El cine americano contemporáneo trata con mucha frecuencia la amistad masculina, pero no tanto la amistad entre mujeres. Usted ha abordado ambos tipos de relación en su trabajo. ¿Cambia el tipo de película, el tono que busca, en función del sexo de sus personajes?

–Bueno, es complicado. Kicking and Screaming, y también Greenberg eran estudios más bien de la mente masculina, y en Margot y la boda retraté una relación entre hermanas… No sabría decir si el tono de estas películas está determinado por… Creo que el tono siempre parte de los personajes con los que estoy lidiando, todo procede de ellos. Por diversos motivos, me fascina el concepto de la amistad a lo largo de los años, es un tema que surge de forma natural en mí y que me preocupa. En cierto modo, Frances Ha es una historia sobre el primer momento de gran dificultad de una gran amistad, que quizá es el momento más difícil. Si la amistad supera eso, entonces probablemente se mantendrá durante el resto de la vida.

–¿Podría explicar cómo concibió el empleo de la música? Por ejemplo, en la parte parisina, el tema de Hot Chocolate no es nada convencional…

–La música en gran parte procede del personaje y del sentimiento de la película. Pensé que nefesitaba un tipo de música grandilocuente y cinemática. Eso y la Nouvelle Vague me llevaron a George Deleure, cuya música no encontramos muchos equivalentes en el cine de hoy. Pensé hacer un collage de este tipo de música de cine grandilocuente, pero por otro lado me parecía demasiado obvio utilizar esa música en el fragmento en el que el personaje viaja a París. Siempre me gustó mucho el tema de Hot Chocolate, ya lo quise usar en Greenberg, pero al final no entró, así que la utilicé aquí a ver cómo quedaba aunque cuando rodé la escena desde luego no tenía pensado que las imágenes fueran acompañadas de este tema. Es un sonido muy moderno pero al mismo tiempo atemporal, es un tema con mucha energía, como todos los que seleccioné, también el Modern Love de David Bowie.

–Su generacion de cineastas está entregando grandes películas este año: Wes Anderson, Spike Jonze, Alexander Payne… Cree que han alcanzado su madurez como cineastas?

–Desde luego creo que es el caso Wes Anderson. Ya lo sentí al ver Moonrise Kingdom, y con El Gran Hotel Budapest creo que es evidente que ha alcanzado una especie de cima en su filmografía. Creo que es algo común a varios cineastas de mi generación. Quizá es por nuestra edad, ya estamos todos en los cuarenta, y creo que es una buena década para hacer películas…

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– Entrevista originalmente publicada en El Cultural, en abril de 2014.

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