Bong Joon-ho: “Rompenieves no es un producto de Hollywood”

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ROMPENIEVES
Snowpiercer
Bong Joon-ho, 2014

En Rompenieves, la primera producción angloparlante del surcoreano Bong Joon-ho (Daegu, 1969), los únicos supervivientes de la Humanidad habitan un tren imparable. Se trata de una de las propuestas de ciencia-ficción más seductoras, inteligentes y de promiscuo talento que ha llegado a nuestras salas en mucho tiempo. Transcurre en un futurible cuyo desastre medioambiental se conjugó en el presente, el año 2014. Afuera, el experimento de los hombres por frenar el calentamiento global fracasó: el planeta vive otra Edad de Hielo, donde cualquier forma de vida es imposible. Adentro, en el tren, punta de lanza tecnológica que autogenera su propia energía ad infinitum, la población occidental convive con la asiática y, para entenderse, hablan a través de un dispositivo que traduce simultáneamente sus palabras. La entrevista con el aclamado cineasta surcoreno, responsable de extroardinarios títulos como Memories of Murder (2003), The Host (2006) y Mother (2009) –todos estrenados en España con calurosa acogida de público y jubilosa celebración crítica– parece por momentos una escena salida de la película.

Y es que Bong Joon-ho (léase ‘bon-iun-jo’), a pesar de dirigir a un impresionante reparto de actores angloparlantes en la producción más cara del cine surcoreano (40 millones de dólares, recuperados en tan solo diez días de taquilla), no habla inglés. No al menos no con la fluidez que desearía. La conversación telefónica Seúl-Madrid es posible con la intermediación de una intérprete, cuya voz uno imagina en el rostro de la célebre actriz coreana Ko Ah-sung, coprotagonista del filme en el papel de la hija adolescente de Song Kang-ho, otra estrella en el firmamento del cine asiático. La velocidad con la que la intérprete traduce las respuestas del director es asombrosa, casi tan automática y precisa (o en eso debemos confiar) como la de esos interfonos-alcachofa de la película, donde la ciencia-ficción se antoja más ficticia que científica, pero no por ello capaz de auscultar los temores de la civilización.

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–¿Cómo se ha enfrentado a las limitaciones lingüísticas en rodaje?

–En verdad, la producción no ha sido tan distinta a mis anteriores filmes. La forma en la que trabajo y de dirigir el set de rodaje ha sido muy similar. Estoy acostumbrado a trabajar en un entorno políglota… en The Host, por ejemplo, gran parte de los técnicos y especialistas eran australianos y americanos. Para ser más claros, aunque Rompenieves sea una película angloparlante, no es en ningún modo un producto de los estudios de Hollywood.

La presencia de Chris Evans, Tilda Swinton, Ed Harris, Jamie Bell, John Hurt o Alison Pill no debe llevarnos a engaño. La película es cien por cine coreana. Sin embargo, para su estreno en Estados Unidos (anunciado para junio), la distribuidora The Weinstein Company le ha pedido al director que recorte el filme a una versión más corta, acaso para imprimirle el ritmo al que los blockbusters han acostumbrado a las audiencias norteamericanas, en general más dinámico que el que ‘toleran’ los públicos asiáticos y europeos, que han podido ver Rompenieves en su metraje original de 125 minutos (y que a este cronista se le han hecho cortos). Bong Joon-ho y Quentin Tarantino se admiran mutuamente, y ambos coincidieron recientemente en el Festival de Cine de Busan. Es pública y notoria la amistad de Tarantino con los Weinstein, así que lógicamente hablaron del tema.

–Quentin me dijo que Harvey [Weinsten] quiere acelerar el filme. No soy un ingenuo estudiante de cine gritando que nadie puede tocar mi película, pero sí puedo negociar para proteger mi visión. El tono y la cadencia del relato son únicos y no quiero destruir los detalles, sobre todo en lo que afecta a los personajes. Al final todo se reduce a una cuestión de duración y de tempo. Para ellos puede ser algo natural, pero para mí es la primera vez que me enfrento a una situación de este tipo. En mis películas siempre he tenido el final cut, nadie interfirió en el montaje. Así que espero que todo termine bien.

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El tren surca como una serpiente los paisejes helados que han congelado la vida en la tierra. Estratificado por vagones según clases sociales, de la élite a la mano de obra, de la riqueza y el poder de unos al músculo y la miseria de muchos, el tren emerge como el microcosmos social de un futurible en el que la opresión y la desigualdad social apelan a algo más que a la organización social del mundo contemporáneo, más bien a la propia naturaleza de cualquier colectivo humano en cualquier época y lugar. Los altercados con la autoridad protofascista parecen inevitables, y en una de esas enésimas revueltas que se cultivan en la cola del tren, determinada a conquistar su cabeza, se centra la trama del filme. El Apocalipsis en Rompenieves, basada en la novela gráfica Le Transperceneige de Marc Rochette, se antoja como un pretexto para desentrañar la naturaleza organizativa de los hombres, para revelar que hasta el caos y el horror pueden estar controlados y diseñados como mecanismos de supervivencia social.

–¿Fue el retrato sociológico lo que le atrajo de la novela gráfica, o más bien su universo visual?

–Una combinación de ambas cosas. Y los personajes. La obra de Rochette es extraordinaria. Es un magníficio ilustrador, y es por su trabajo visual por lo que, en primer lugar, sentí atracción por el libro cuando me tropecé con él hace varios años en una tienda de cómics de Seúl. Por los storyboards de la película están inextricablemente unidos al guion. Los distintos volúmenes de Le Transperceneige son el punto de partida, la fuente de inspiración, pero la concepción visual de la película parte enteramente del guion.

–La fiebre por los filmes apocalípticos no ha remitido, tanto en grandes producciones como en el cine de autor. Su cine, y sobre todo Rompenieves, hibrida ambos tipos de cine. ¿Por qué cree que el fin del mundo sigue interesando tanto a creadores y público?

–De algún modo, creo firmemente que si mantenemos este ritmo y las distintas formas en las que estamos degradando la vida en el planeta, llegaremos al final de la humanidad en 30, 50, 100 años… quién sabe. Pero la tendencia autodestructiva es clara, y la preocupación social existe. El cine juega su papel, que pasa por el espectáculo, pero también por la reflexión y la toma de conciencia. Son muchos factores los que intervienen. Catástrofres como la planta nuclear de Fukushima son los más visibles, pero en un nivel cotidiano estamos dañando de forma sistemática el medioambiente, que no solo afecta a la vida del hombre, sino a toda la biodiversidad.

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–Es un gran desafío cinemático rodar todo el film en el interior de un tren…

–Cuando leí por primera vez el cómic me fascinó la idea. Pensé que esta podía ser una de esas oportunidades únicas en la vida de enfrentarme a un verdadero desafío en términos de espacio cinematográfico. Prácticamente el cien por cien de los planos son en el interior del tren, y además en un espacio estrecho y largo. El set era algo claustrofóbico, y me dio bastantes quebraderos de cabeza encontrar distintos ángulos donde posicionar la cámara, sobre todo a medida que avanzaba la historia, porque tampoco quería una planificación repetitiva. Cada vagón tenía un decorado distinto, y eso me facilitaba las cosas, pero al final, debido al reducido espacio, tenía muy limitadas opciones de ángulo de cámara, aparte de la cámara móvil. Ha sido un trabajo duro, pero fascinante.

–Desde los Lúmière hasta Speilberg, el cine siempre ha mantenido una íntima relación con los trenes. ¿Cómo se planteó el rodaje para ofrecer algo nuevo?

–De hecho uno de mis filmes favoritos es Extraños en un tren de Hitchcock, aunque esa película, al contrario de la mía, no transcurría íntegramente en el interior del tren. Yo partía de la base de que debía ofrecer algo distinto a lo ya visto en esta materia. Hay una secuencia en concreto que me convenció. En un momento dado, el largo tren se contornea como una serpiente en una curva muy cerrada de modo que los pasajeros de los vagones del principio pueden ver frente a frente a los pasajeros de la cola del tren. Esto daba pie a crear una secuencia de acción inédita en el cine, un tiroteo muy especial que fue todo un desafío de planificación. Nunca había visto algo así en otras películas de trenes, y estoy muy orgulloso con esa secuencia.

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 –¿Podría comentar cómo concibe la poética de la violencia en sus películas?

–Cuando era joven vi una y otra vez las películas de Peckinpah, como Grupo salvaje (1969) o Cruz de hierro (1977), y sin duda han ejercido una influencia poderosa en mí. De todos modos, en Rompenieves creo que el tratamiento de la violencia no es en ningún caso obvio, ni tampoco algo primordial…

–Hay una secuencia de combate con hachas muy estilizada, embellecida…

–En el principio de la secuencia hay un combate feroz, pero luego la cámara se estabiliza para revelar la interioridad de los personajes. Más que la coreografía de la violencia, lo que me interesaba era mostrar las emociones. Curtis (Chris Evans) es un personaje muy solitario, un líder nato que no quiere asumir el liderazgo, y en esa secuencia el objetivo no es la violencia por la violencia, sino mostrar la admiración y emoción que produce el comportamiento de Curtis entre los suyos. La cámara incluso se queda con las reacciones de los que contemplan su superioridad como guerrero. Lo que quería era mostrar la reacción de los que están a su alrededor, más que el combate en sí.

–Da la sensación de que usted realiza películas de género otorgando más importancia a los personajes que a las tramas, al menos más importancia de lo que es habitual en el cine de género. ¿Cree que los personajes son el verdadero corazón y motor de sus películas, por encima de las historias?

–Sí, los personajes son el motor de mis películas, el alma de mis filmes. Doy por eso una extraordinaria importancia al reparto. A mí siempre me gusta simplificar la historia. La estructura de Rompenieves de hecho obedece a una bipolaridad de personajes, los que interpretan John Hurt al principio y Ed Harris al final. La película narra el viaje que emprende Curtis desde la compañía del “buen padre” a la del “mal padre”. Ellos son los pilares del filme. Pero no quiero revelar nada más de la trama. Que sus lectores vean la película y luego se pregunten, por ejemplo, qué clase de supervivencia le espera a la Humanidad. ¿Usted qué cree?

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Entrevista publicada originalmente en El Cultural, en mayo de 2014

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